Participación en el JobDay

JobDay

El pasado día 6 de junio tuve el honor y placer de participar en el JobDay que, de forma excelente, fue organizado por la Cámara de Comercio de Quito, EUDE Business School y Windup School.

Cabe destacar el formato elegido a través de Facebook Live que permitió un evento remoto muy interesante al que asistieron cientos de participantes de varios países.

Mi participación consistía, en primer lugar, con una ponencia “Navegar con la certeza de la incertidumbre” donde comente las aportaciones de la Neurociencia para entender cómo funciona nuestro cerebro, adema de la relación con las habilidades blandas tan necesarias en estos momentos de incertidumbre global.

Posteriormente, forme parte de un excelente panel de trabajo dedicado a las Softskills del profesional del futuro. Este encuentro fue moderado por Juan Vivero (EUDE) en el que compartimos opiniones y experiencias con Miguel Cervera y Walter Gavilanes desde las perspectivas del liderazgo, las habilidades digitales y la Neurociencia.

Navegar con la certeza de la incertidumbre

Imágen de Torsten Dederich en Unsplash

Desde que la especie humana empezó a habitar en la Tierra tuvo que enfrentarse a constantes peligros y desafíos que ponían en riesgo su supervivencia. La incertidumbre para nuestros ancestros era tan cotidiana que seguramente no se preocuparían. Supongo que su máxima necesidad era protegerse de las inclemencias del tiempo, los ataques de los animales y garantizar el sustento para la tribu, entre otros aspectos esenciales.

Su objetivo principal era la supervivencia. Si no hubiera sido así, no estaríamos aquí.

Así iniciaba la ponencia “Navegar con la certeza de la incertidumbre” que presenté en el evento JobDay organizado por la Cámara de Comercio de Quito, EUDE Business School  y Windup School.

A medida que se producía la evolución de la especie y el desarrollo de utensilios y herramientas que facilitaban la vida y el trabajo, se consiguieron importantes logros para el bienestar y la prolongación de la vida humana.

No sólo eso, se llegó a la Luna, los viajes al espacio son continuos, se investigó el centro de la Tierra a través de los avances de la minería, se exploraron profundidades marinas con todo el desarrollo de tecnología y recursos necesarios.

Desde luego que hemos conseguido superar enormes e interesantes desafíos como Humanidad y también como individuos. En todos estos retos hemos asumido la “certeza” de tener que enfrentarnos a la incertidumbre para superar graves riesgos y problemas.

Pero no sólo en ese aspecto, si contemplamos actividades esenciales como la agricultura y la pesca, los hombres y mujeres que trabajan en estas áreas manejan la incertidumbre de forma frecuente. Por mucho que dispongan de información y recursos para su labor, siempre cuentan con la incertidumbre e incógnitas de las fuerzas de la Naturaleza que obrarán a favor o en contra de lo esperado.

Hemos vivido bajo la ilusión de la certeza, del control sobre las situaciones…pero la pandemia ocasionada por el coronavirus nos ha puesto delante nuestra fragilidad y vulnerabilidad como especie, poniendo en peligro nuestra vida y la de nuestros allegados. Ha alterado la vida, el trabajo, el orden y también la economía mundial como no se conocía desde las Guerras Mundiales del siglo pasado.

Estamos viviendo tiempos globales muy complejos en todas las áreas y seguimos aún con muchas incógnitas por resolver, entre ellas, cómo superar esta crisis con éxito y con el menor coste posible en vidas humanas y recursos económicos.

Sólo tenemos la certeza del tiempo presente. De cara al futuro y la proyección que hagamos de él, únicamente cabe apoyarse en la fe y la esperanza que todo esto pasará igual que ha sucedido en otras situaciones dramáticas en la historia de la Humanidad.

Sin duda alguna, con el tiempo, con responsabilidad, esfuerzo común, inteligencia colaborativa y medios superaremos este desafío mundial.

Volveremos a ver el sol en el horizonte y seguiremos navegando con la certeza de las nuevas incertidumbres que nos presente la vida.

Imagen Ajax.googleapis.com

Imagen Ajax.googleapis.com

Imágenes de Torsten Dederich en Unsplash, ponencia “Navegar con la certeza de la incertidumbre” en JobDay y de Ajax.googleapis.com

La gratitud como actitud de vida

Imagen de Daiga Ellaby - Unsplash

Estamos viviendo circunstancias extraordinarias que nunca antes habían existido a nivel mundial. La vulnerabilidad y la fragilidad de la vida humana ante la pandemia han quedado expuestas de manera muy clara. Además, en muchísimos casos, de forma muy dolorosa con la pérdida de seres queridos y la imposibilidad de una despedida adecuada para ese momento transcendental en la vida.

La incertidumbre es la constante diaria. Algo que, en realidad, siempre ha formado parte de la vida humana, pero que creíamos «dominada» por una sensación de seguridad lograda en nuestros avances tecnológicos, científicos, sociales, económicos… Nos hemos dado cuenta de que esas certezas eran sólo “ilusión” y la realidad se ha encargado de revelar la verdad.

Por primera vez somos conscientes globalmente de que sólo tenemos el presente, el momento actual. El pasado se fue y el futuro viene cargado de muchas incógnitas. Lo que sí es cierto es que traerá una vida muy distinta a la que habíamos llevado hasta ahora. Muchas cosas han cambiado y no seremos las mismas personas de antes de entrar en cuarentena.  De hecho, muchas personas ya estamos cambiando nuestra actitud, la forma de pensar, la manera de valorar la vida y lo que forma parte esencial de ella.

En este período de encierro, confinamiento, cuarentena….cada uno lo llamará como prefiera, tenemos la oportunidad de encontrarnos a nosotros mismos con nuestras virtudes y, también, con nuestras debilidades y mayores miedos. Personalmente, lo considero como un tiempo de silencio e introspección.

Y, precisamente, en uno de estos momentos apareció un mensaje muy especial:“No es la felicidad la que nos hace agradecidos; es la gratitud la que nos hace felices” éstas fueron las palabras de David Steindl- Rast, monje austríaco benedictino de 94 años de edad, ¿hace unos años durante la charla TED “Want to be happy? Be grateful”

Para Steindl-Rast, la gratitud es una actitud y una forma de vida esencial para ser felices. Ser conscientes del momento presente, centrándonos en la palabra “presente” también como regalo. Un inmenso regalo que ahora contiene la oportunidad de mirar nuestras vidas con ojos distintos.

Y menciona otra dimensión añadida: el aprecio hacia lo que es valioso para nosotros y se nos da gratuitamente. La gratitud aparece de forma espontánea y con ella viene la felicidad.

La clave de la felicidad no está en un solo momento de gratitud, sino en mantener la experiencia vital consciente en todo momento, independientemente de las circunstancias que estemos atravesando. Por duras que sean, siempre habrá un resquicio de luz y de esperanza que impulsará a seguir adelante. No tenemos seguridad sobre si habrá otros momentos. La única certeza es sólo el momento actual, el presente, el aquí y ahora. Ahí se encuentra la llave principal de la gratitud y la felicidad.

En momentos de extrema dificultad como éstos tenemos el inmenso desafío de encontrar la oportunidad para superarlos y aprender algo que entraña dolor en el propio aprendizaje, como la resiliencia, la paciencia…y también la gratitud por la vida y la salud.

¿Qué método podemos seguir para ser agradecidos y felices?

Si nos guiamos por Steindl-Rast y seguimos sus consejos, existen tres pasos:

  • Parar
  • Mirar
  • Hacer

Desde luego que el primer paso lo hemos dado a nivel mundial, Parar. El ritmo habitual, la vida tan apresurada que teníamos se ha desvanecido. Han parado muchas industrias, los viajes, las actividades colectivas, los desplazamientos y embotellamientos diarios de tráfico. Perdíamos oportunidades a cada instante de valorar todo lo esencial e importante que tenemos.

El siguiente paso consiste en Mirar. Prestar atención plena a lo que teníamos y no disfrutábamos. También la oportunidad para hacer felices a los demás. Esto lo estamos aprendiendo ahora. Cuanto más aislados físicamente estamos, más necesidad tenemos de los demás y más necesidad tenemos de seguir formando parte de nuestra familia, las amistades, el entorno profesional.

Por último, Hacer. Una vez que nos hemos dado cuenta de que nuestra felicidad también depende de los demás, damos el paso hacia adelante y actuamos. De ahí todas las iniciativas solidarias que están llevando a cabo empresas, organizaciones de todo tipo y la sociedad civil en todo el mundo.

Fruto también de los pasos anteriores surge la creatividad y la innovación por reinventarse, cambiar la producción habitual de algunas empresas por otra que colabore en la salud y protección de todos, al menos mientras dure esta situación tan apremiante para la vida y la supervivencia.

Todo este intenso cambio de conciencia ante lo que estamos viviendo ya ha empezado a cambiar el mundo, algo que señalaba Steindl-Rast en su charla de 2013.

Desde luego nos queda mucho que aprender y saber, pero lo que sí es cierto es que ya hemos cambiado nuestra actitud desde que se inició la cuarentena. Nuestra escala de valores y de conceptos a los que dábamos prioridad probablemente haya cambiado y nos sintamos cada día mucho más agradecidos por la salud, la vida, nuestros seres queridos, nuestros hogares….y muchas otras cosas que antes no habíamos dado importancia.

Sin duda, estamos siendo más agradecidos, el mundo está cambiando hacia la gratitud y ¿por qué no?… hacia una nueva mirada de la felicidad.

Imágenes de Daiga Ellaby – Unsplash y video charla TED Want to be happy? Be grateful

Hacia una comunicación más consciente

Kelly Sikkema. Unsplash

Los acontecimientos mundiales que estamos viviendo han multiplicado las ansias de comunicarnos, de seguir conectados dentro de este obligado e indefinido aislamiento. Somos seres sociales, necesitamos a los demás y los demás necesitan de nosotros, especialmente en esta gran incertidumbre que tenemos delante como individuos y sociedad globalizada.

Ahora, muchos tendremos que vivir solos, separados en la distancia de nuestros seres queridos. En otros casos, volver a aprender a convivir en familia compatibilizando obligaciones domésticas, cuidado de los hijos y deberes profesionales.

¡Un intenso desafío en nuestras relaciones a todos los niveles!

Y en esas relaciones uno de los componentes principales es la comunicación. Comunicación con nuestros seres queridos, amistades, compañeros de trabajo, clientes, proveedores… Y también, comunicación con nosotros mismos, comunicación interior. Viviremos momentos donde las emociones estarán muy presentes y serán intensas: motivación, desilusión, miedo, angustia, rabia, alegría, amor…¡Habrá que tomar decisiones difíciles!

La comunicación tendrá que ser mucho más consciente que la que hemos utilizado hasta ahora. Quién sabe si, entre las muchas reflexiones que puedan surgir, aparece también la de dedicar tiempo y presencia mental en nuestra comunicación con los demás.

¡Yo creo que sí, que ahora es el momento!

Los acontecimientos han sucedido y lo seguirán haciendo a velocidad vertiginosa. Estamos siendo más conscientes del cambio y de las consecuencias que esta situación extraordinaria tiene en nuestra salud, vida, economía y trabajo. 

La tecnología nos acerca y gracias a ella seguimos activos en gran medida… logramos seguir comunicando más allá del aislamiento físico que se impuso.

Hace muy pocas semanas estuve en Murcia y Valencia impartiendo una formación presencial. Disfruté mucho al compartir muy interesantes experiencias con las personas que conocí en esos dos talleres de desarrollo profesional sobre Escucha Activa organizados por Dircom Comunidad Valenciana y Región de Murcia.

Nuestro objetivo fue entender y trabajar la “Escucha Activa”.

Cortesía de Dircom Comunidad Valenciana y Región de Murcia

Dentro de las 11 capacidades que deben desarrollar los profesionales de la comunicación -descritas por la Global Alliance for Public Relations and Communication Management– se encuentra «facilitar relaciones y construir credibilidad con los grupos internos y externos y las comunidades». Para ello es necesario identificar, analizar y escuchar a los diferentes stakeholders y entender sus necesidades de comunicación. 

En sólo una de las once capacidades se menciona explícitamente la palabra “escucha”, en cuanto a la construcción de relaciones con los públicos de interés.

En mi opinión, y más en estos momentos de crisis sin precedentes, se pone mucho énfasis en diseñar argumentos y lanzar mensajes para conseguir objetivos corporativos, pero se pierde de vista el lado humano del profesional –potenciarlo como persona- en su comunicación cotidiana a todos los niveles.

Escuchar supone una habilidad clave de la comunicación que no está presente –al menos no tengo constancia- en ningún plan de estudios de los Grados de Comunicación de nuestro país, ni siquiera en los posgrados donde se tratan las habilidades personales y directivas de forma genérica.

Por esto, los asistentes al taller pudieron ejercitar de forma práctica y mediante trabajo en equipo, las destrezas necesarias para desarrollar esta habilidad. Cada integrante asumió un rol para descubrir aspectos propios y extraer conclusiones sobre la Escucha Activa. 

Cortesía de Dircom Comunidad Valenciana y Región de Murcia

Habilidad clave para todos, especialmente para los comunicadores en el ejercicio del liderazgo y muy relevante en la gestión de la crisis presente.

¿Cómo podemos desarrollar la escucha activa?

Propongo utilizar la perspectiva del coaching y las principales habilidades que los profesionales del coaching empleamos de forma habitual:

La primera de ellas, sin duda, es la escucha. Escuchar es mucho más que oír. Escuchar realmente supone aplicar una atención plena a la otra persona.

Las habilidades del coaching que podemos aplicar a nuestras conversaciones de comunicación son:

  • Escucha activa
  • Estar presente
  • Rapport

Escucha activa supone la concentración total en lo que el otro dice o no dice y cómo lo dice. Los silencios, dudas o evitar determinados aspectos por parte de esa persona, son elementos particularmente significativos en la comunicación y debemos estar muy atentos a ellos.

En definitiva, implica que podamos entender o hacer el esfuerzo consciente por comprender el contexto de la otra persona.

Cortesía de Dircom Comunidad Valenciana y Región de Murcia

Estar presente implica la atención en el aquí y ahora. Sin interrupciones, sin pensamientos en otras cosas, sin prisas en resolver rápidamente la conversación. Poner la conciencia completa en la comunicación con la otra persona favoreciendo así la relación personal o profesional.

El rapport consiste en sincronizar en palabras, gestos y actitudes con la otra persona para generar un contexto de apertura, confianza y seguridad desde la honestidad y la autenticidad para la comunicación.

Existen muchos matices en la comunicación y resulta más compleja de lo que suele parecer.

Es necesario tener la firme intención de querer comunicarnos con la otra persona y actuar en consecuencia, dedicar el espacio y el tiempo para escuchar en profundidad, con mente abierta y concentrados en todos los “indicios y mensajes” que nos dará nuestro interlocutor…

En definitiva, hacer que nuestra comunicación ahora sea más consciente y responsable.

Foto portada: Kelly Sikkema. Unsplash. Resto. cortesía de Dircom Comunidad Valenciana y Región de Murcia

El viaje interior de Jean Dominique Bauby

Imagen de Brignews.com

Querer comunicarse, moverse, comer y no poder …

El cerebro está intacto, mantiene las funciones cognitivas, pero el cuerpo no recibe las órdenes debido a lo que se conoce como “locked in syndrom” o “síndrome del cautiverio”. Se trata de un derrame cerebral, concretamente en el bulbo raquídeo que provoca que el cerebro y el cuerpo no puedan comunicarse.

Las graves lesiones en el tronco cerebral interrumpen las conexiones entre el cerebro y el cuerpo, paralizando los movimientos voluntarios. Sólo puede existir, a veces, un último resquicio de los movimientos reticulares. La persona queda así encerrada dentro de un cuerpo que no responde a su propia voluntad.

Esta es la sobrecogedora experiencia que vivió Jean Dominique Bauby, un hombre famoso por su actividad en el periodismo y, especialmente, por ser editor de la revista Elle.

La vida de Bauby sufrió una gran transformación el 8 de diciembre de 1995 a raíz de un grave accidente cerebro vascular que le sumió en un coma profundo. Al despertar, semanas más tarde, su cuerpo estaba totalmente paralizado: no podía moverse, comer, ni tragar por sí mismo. Pero sus facultades mentales seguían intactas.

Sus pensamientos, recuerdos, emociones y vivencias interiores le mantuvieron totalmente consciente de la nueva realidad y de todo lo que sucedió en esa última etapa de su vida en el hospital de Berck, próximo a París.

Podía ver, oír, comprender, recordar, emocionarse, imaginar, pensar, pero no podía hablar ni escribir. Su único “medio de comunicación” con el exterior era su ojo izquierdo. A través de parpadeos logró comunicarse con algunas de las personas que estuvieron con él en esos momentos tan duros.

De esas extrañas conversaciones -mediante parpadeos y seleccionando letra a letra para formar palabras-, surgió el libro Le Scaphandre et le Papillon, en español “La escafandra y la mariposa”.  Bauby comparte su intenso mundo interior… Pensamientos, reflexiones, angustias y confesiones quedaron impresas en sus páginas.

Sobrellevó su asfixiante parálisis dejando volar su imaginación: se veía encerrado dentro de una escafandra de buceador, mientras que su mente y su memoria eran la mariposa que volaba en libertad, alcanzando horizontes más allá de lo real.

Con este titánico esfuerzo y una admirable tenacidad y espíritu de superación, Bauby rompió su muro de silencio, se sobrepuso a la compasión propia y de los demás. Logró que sus reflexiones no quedaran sólo para él, sino que encontró el modo de compartirlas con todos los demás, escapando de su “prisión” y ampliando los límites físicos de su dimensión humana.

Murió poco después de saber que su libro, publicado en 1997, se convirtiera en un gran éxito de ventas que fue versionado por el director de cine Julian Schnabel en The diving bell and the butterfly. This isn`t the end .

Imagen de J.D. con sus hijos. The Independent

Imagen de J.D. con sus hijos. The Independent

“Una carrera cuyo resultado se conoce… las oportunidades que no has querido aprovechar, los momentos de felicidad que has dejado escapar…” son algunas reflexiones que nos deja Bauby en el mayor viaje –a su mundo interior- que realizó durante su vida estando inmóvil.

Superar el miedo al fracaso

Imagen de Unsplash

En la pasada Píldora de inspiración hablamos sobre el fracaso como la frustración por no alcanzar un objetivo o no lograr un desempeño acorde con determinadas expectativas. La percepción del fracaso está condicionada por diferentes estándares, valores o sistemas de pensamientos por los que nos guiamos. Por eso, un fracaso para una persona puede ser una gran experiencia de aprendizaje para otra.

En nuestra sociedad estamos acostumbrados a hablar sobre “casos de éxito” o “personas de éxito”. Pero esto ¿siempre es así?

Nos molesta hablar de fracasos y mucho más aún de miedo al fracaso. Sin embargo, ocultar algo que no nos gusta no ayuda a resolverlo. Es bueno ponerlo encima de la mesa para analizarlo y encontrar las claves para su superación.

Primero tenemos que conocer las posibles causas del miedo al fracaso:

  • La excesiva crítica o falta de comprensión por parte de los padres durante la infancia puede acarrear estos sentimientos negativos a la etapa adulta
  • La experiencia de algún momento traumático en nuestra vida puede hacer que este miedo se mantenga durante años
  • También una baja autoestima por compararnos con los demás, preocuparnos excesivamente, enfocarnos en lo negativo o ceder a los deseos de los otros pueden ser motivos de este tipo de miedo

Ahora bien, tan importante como saber las posibles causas es poder identificar las señales que marcan ese miedo para gestionarlo de forma adecuada.

¿Cómo lo identificamos?

  • Reticencia a probar nuevas formas de hacer las cosas o afrontar proyectos desafiantes
  • Auto sabotaje y excesiva ansiedad
  • Diálogo interior con pensamientos negativos sobre sí mismo
  • Exceso de perfeccionismo

En todo lo que hacemos existe siempre una probabilidad de fallo. Afrontarlo y aceptarlo como tal no es sólo una prueba de coraje, sino también es toda una actitud positiva que nos permite una vida más plena y gratificante.

¿Qué podemos hacer para gestionar el miedo al fracaso y minimizar sus efectos?

  • Analizar los posibles escenarios, incluso el peor, y los resultados que podríamos tener en cada uno de ellos
  • Pensar en positivo para aumentar la autoestima y vencer el auto sabotaje
  • Tener un plan “B” para ganar confianza y anticiparnos al miedo ante la incertidumbre
  • Establecer metas pequeñas y alcanzables que impulsen a la acción y a elevar también la confianza en uno mismo.
  • Visualizar cómo nos sentiríamos, qué pensaríamos habiendo vencido ese miedo

John Caunt -en su libro “Eleve su autoestima”- propone algunas técnicas para fortalecer nuestra mente y nuestra actitud hacia el fracaso, entre las que destacan:

  • Reconocer y hacer un listado de nuestras cualidades positivas
  • Relacionarnos con personas positivas
  • Aceptar lo que no podemos cambiar
  • Dejar de compararnos con los demás
  • Saber decir “no”

Todos hemos tropezado y tropezaremos a lo largo de nuestra vida. Hemos tomado y seguiremos tomando decisiones equivocadas. Pero eso no significa que debemos pararnos… Es muy importante pensar en todas las oportunidades que perderíamos si permitimos que los fracasos y las caídas nos detengan.

No somos víctimas de las circunstancias, sino responsables de nuestras decisiones y acciones. Tenemos la libertad de elegir cómo pensar y qué actitud tomar.

Podemos elegir ver el fracaso como el fin del mundo o, por el contrario, elegir ver el fracaso como una experiencia de aprendizaje, como una lección muy importante para nuestro crecimiento y para evitar caer en el mismo error de nuevo.

¡!El fracaso sólo nos detiene si lo permitimos!!

¿Qué es una buena vida?

Imagen Pixabay

Esa es la pregunta que se hace Robert Waldinger, psiquiatra y profesor estadounidense en la Escuela de Medicina de Harvard, al inicio de una charla TED donde explicó algunas claves de la investigación más extendida en el tiempo realizada hasta ahora: el Estudio Harvard sobre el desarrollo adulto.

Tema muy interesante sobre cómo construir un vida llena de felicidad y bienestar del que hablé en la pasada Píldora de inspiración.

Waldinger es el director actual del proyecto, que tomó el relevo de sus predecesores de las décadas pasadas. La suerte y la perseverancia de varias generaciones de investigadores mantienen vivo, desde hace 80 años, este estudio.

¿En qué consiste?

Desde 1938 se han seguido y analizado las vidas de 724 hombres año tras año preguntándoles sobre su trabajo, modo de vida y salud. También les fueron realizando estudios médicos para analizar los factores habituales (tensión, colesterol, etc.) y específicos sobre la salud de su cerebro.

Hace unos pocos años, alrededor de 60 individuos de los 724 iniciales seguían vivos y participando en el estudio. ¡!Estamos hablando de personas de 90 años!!

La investigación partió dividiendo en dos grupos a estos individuos. El primero de ellos, jóvenes estudiantes de Harvard que no participaron en la 2ª Guerra Mundial porque estaban terminando sus estudios en dicha institución.

El segundo grupo estaba formado por jóvenes de las zonas más pobres de Boston, procedentes de familias con serios problemas socio – económicos y viviendo en malas condiciones generales.

Las ideas sobre riqueza, fama y esfuerzo en el trabajo parecían marcar las tendencias de opinión sobre la felicidad por aquellos años. Ahora bien, con el paso del tiempo y a medida que unos ascendían socialmente y otros caían a niveles más bajos, los enfoques sobre “sentir felicidad” se fueron modificando. Los diferentes investigadores detectaron un mensaje claro:

Las buenas relaciones nos mantienen más sanos y felices

Una interesante conclusión que ha quedado demostrada con este completo y largo estudio. Lo más interesante es que continúa actualmente en desarrollo con la segunda generación –los cerca de 2.000 hijos de aquellos 724 hombres…

Imagen de Pixabay

Con la inmensa información acumulada y actualizada durante décadas, Waldinger comparte tres lecciones clave sobre las relaciones humanas:

1ª Las conexiones sociales son realmente beneficiosas

Las personas que están más conectadas a la familia, a las amistades, a la comunidad en general, son más felices, están más sanas físicamente y viven más años que las personas que vivían en soledad o tenían relaciones difíciles con su entorno. Esa soledad “interior”, a pesar de estar rodeados de personas, hace que la salud se deteriore antes y el cerebro empiece a fallar a mediana edad.

2ª No importa la cantidad, sino la calidad de las relaciones más cercanas

Tener buenas y sólidas relaciones es altamente beneficioso para nuestro bienestar físico y emocional. El estudio muestra que las personas que estaban más satisfechas en ese aspecto a los 50 años, llegaron a tener más salud cuanto tenían 80.

3ª Las buenas relaciones son beneficiosas para el cuerpo y la mente

De todo lo comentado y de los estudios neurológicos realizados a este grupo de personas durante décadas, surgieron contundentes conclusiones sobre la incidencia clave de las relaciones en la salud y la felicidad.

Imagen de Pixabay

Comprobaron, una y otra vez, que las personas a las que les fue mejor en su vida son las que se apoyaron en su familia, en sus amistades y en su comunidad.

Como expresó Robert Waldinger, ¡!!la buena vida se construye… con buenas relaciones!!!

¿Un cerebro feliz para alcanzar la felicidad?

Imagen de Pixabay
Imagen de Pixabay

En la primera Píldora de inspiración de este año nos adentramos en conocer algunos aspectos del sentimiento de la felicidad  relacionados con el cerebro, ese maravilloso y complejo órgano vital que supone una parte del “hardware” y del “software” de nuestro cuerpo.

Si buscamos en Google la palabra “Felicidad” aparecen 183 millones de referencias, sólo en español. Pero, no sólo es una palabra muy buscada, sino que es, tal vez, una de las máximas aspiraciones que tenemos como seres humanos: ser felices.

Desde el punto de vista de la neurociencia y la biología, en el cerebro tenemos unos químicos naturales: las hormonas. Cuatro de ellas se relacionan especialmente con la felicidad.

La investigadora Loretta G. Breuning, autora del libro Hábitos de un cerebro feliz», explica que cuando el cerebro emite uno de estos químicos, nos sentimos bien.

Veamos cuáles son:

– La dopamina. Nos proporciona la alegría y la energía necesarias para encontrar o lograr lo que estamos buscando. Supone una fuerza de motivación en tareas que implican mucho esfuerzo.

Se activa cuando damos el primer paso hacia un objetivo y cuando lo vemos realizado.

¿Cómo podemos elevar su nivel en el organismo? Estableciendo pequeñas etapas a realizar, que iremos celebrando a medida que logramos su cumplimiento, además de agradecer todo lo bueno que tenemos en nuestra vida.

– La endorfina actúa como un calmante natural ante el dolor, sea físico o emocional, y nos permite continuar adelante. A veces también produce cierta euforia

Sonreír, bailar, cantar o trabajar en buena sintonía con otras personas incrementa los niveles de esta hormona. Además, estas acciones nos ayudan a reforzar los lazos sociales y aumentar la tolerancia al dolor o al sufrimiento.

– La oxitocina está vinculada a nuestra afectividad y también al sentido de pertenencia a un grupo. Se la relaciona y mucho con el instinto maternal.

Desde tiempos prehistóricos, la vinculación social es vital para la supervivencia porque favorece la reproducción y la protección contra los depredadores y los cambios medioambientales.

Esta hormona se genera en la relación de confianza con otras personas.

– Por último, la serotonina facilita la sensación de paz y seguridad que experimentamos al ser respetados por los demás. 

La ausencia de serotonina genera depresión o soledad. De ahí que sea muy importante para aumentar su presencia, recordar momentos felices, hablar con un familiar querido o una persona amiga.  También ayudan pequeñas gratificaciones como tomar el sol, recibir tratamientos corporales suaves y hacer ejercicio físico. La serotonina fluye cuando nos sentimos valorados o estamos en posición de liderazgo.

Estas hormonas son controladas por nuestro sistema emocional. Se activan cuando el cerebro detecta algún estímulo positivo, algo bueno para la supervivencia y se desactivan después que se cumplió ese propósito.

Esto lleva a pensar que somos capaces de cambiar nuestro estado emocional y alcanzar un grado elevado de satisfacción y vivencias positivas. Podemos –con nuestros pensamientos y actitudes- encontrar un camino hacia la felicidad sin que haya un estímulo exterior.

Extraordinario, ¿verdad?…Todo un gran reto…!!!

Una vuelta al cole muy especial

La sección Píldoras de Inspiración ha comenzado ya en la 8ª temporada del programa enComunicación estrenando emisora en Capital Radio Comunidad Valenciana.

Hace poco más de una semana vivimos la vuelta al cole  un año más. Como es habitual en cada familia, hubo que preparar ropa, libros y, en general, todo el material escolar para iniciar un nuevo curso, gran parte del cual sólo servirá durante un único año…

Pero ¿sería posible reciclar los libros de texto y de lectura para que otros niños, jóvenes y adultos los puedan utilizar?

Pues sí, ese reciclado es posible, como lo demuestra la historia que quiero compartir hoy con todos vosotros.

José Alberto Gutiérrez, un antiguo conductor de recogida de basuras de Bogotá, desde hace dos décadas recupera y repara libros que encuentra en la basura para llevarlos a los colegios, bibliotecas y centros de lectura en su país.

Son más de 450 instituciones las que ya se han beneficiado de esta iniciativa que se está extendiendo también a Perú a través de la Red de Amigos.

A José Alberto se le conoce también como “El señor de los libros”.  En la biblioteca comunitaria de su casa acumula miles de libros en poco más de 15 metros cuadrados. Tanto es así que hace 10 años creó la Fundación “La Fuerza de las Palabras” …. ¡!El inmenso poder y expansión de la comunicación hasta dónde puede llegar!!

 ¿Cómo se trabaja en esta fundación?

En primer lugar, reciben la petición desde cualquier lugar de Colombia de alguna persona que quiera donar libros o que se los regalen.

Una vez recibida la solicitud, la familia Gutiérrez y voluntarios de la Fundación seleccionan los libros infantiles, científicos o literarios más útiles para los usuarios finales.

En cuanto al envío, según sea la distancia, los miembros de la organización llevan los libros en sus vehículos particulares o buscan la manera mejor para que el envío resulte gratis.

Desde febrero de este año, nuestro protagonista tiene más tiempo para hacer su formidable labor. Fue despedido de la empresa de Bogotá donde trabajaba y ahora dedica su tiempo a proyectar una Biblioteca Museo en esa ciudad. Su idea es montar un taller de reciclaje, banco de libros y una exposición de reliquias literarias para seguir llevando la lectura a los sectores más vulnerables de Colombia.

Gutiérrez es un firme convencido de que la mejor herencia que podemos dejar a los niños será siempre la educación.

Por eso, en esta época de “vuelta al cole” me gustaría destacar el importante esfuerzo que supone para millones de personas de todo el mundo acceder a la enseñanza y disponer de los recursos económicos y materiales necesarios.

Gracias a la iniciativa de José Alberto Gutiérrez y, también, a la de innumerables y entusiastas personas en distintas partes del mundo, son muchos los niños y niñas de entornos desfavorables que pueden ir a la escuela. Con la labor de nuestro protagonista de hoy, sin duda, estamos construyendo un presente y un futuro mejor para ellos.

El Poder de la Palabra

Hemos llegado al final de la séptima temporada del programa enComunicación y en la última píldora de inspiración compartí una historia que me conmovió profundamente, sobre todo, al conocer las circunstancias de vida de la protagonista. ¡Una auténtica heroína!

Se trata de Malala Yousafzai, reconocida como una de las personalidades más influyentes del mundo por la revista Time en 2013 y galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2014.

Esta joven nació en Pakistán. Una sociedad que no ofrece las mismas oportunidades ni derechos a las niñas y a los niños. Alentada por su familia, pudo ir a la escuela. Pero pronto, la situación política en esa región sufriría las consecuencias de la lucha armada de grupos fundamentalistas.

Desde el año 2009 – a través del documental del New York Times “Pérdida de clases. Muerte de la educación de la mujer”– Malala empezó a tomar un papel activo en su comunidad debido a que los talibanes cerraron escuelas privadas y prohibieron la educación para las niñas.

A los 13 años empezó a escribir un blog para la BBC con el seudónimo de Gul Makai. Allí relataba como era la dura vida en su pueblo natal, en especial para las niñas que querían ir al colegio.

Por estas acciones, los fundamentalistas la pusieron en su punto de mira.

El 9 de octubre de 2012 marcaría un antes y un después en la vida de nuestra protagonista: de regreso de sus clases, un talibán atentó contra ella hiriéndola gravemente en la cabeza. Dos de sus compañeras sufrieron también serias heridas. Cuando las trasladaron urgentemente a un hospital comenzaron las protestas en la zona del colegio donde acudían esas niñas.

Esto despertó el interés internacional recibiendo apoyos de personalidades como Desmond Tutu, Barack Obama, Hillary Clinton, entre muchas de las voces que condenaron este atentado y clamaron a favor de Malala.

Su vida corría peligro porque podrían volver a intentar matarla. Necesitaba además una cirugía reconstructiva de su cara. Por ello, a los pocos días la llevaron a un hospital del Reino Unido, donde milagrosamente se recuperó.  Y, unos meses después de recibir el alta, comenzó a estudiar en una escuela secundaria de Londres.

Es una historia muy intensa para una niña de tan sólo 13 años, ¿verdad?

En las más peligrosas circunstancias que una persona podría encontrarse, ella desarrolló una decidida lucha por el derecho de las niñas a la educación. Sin duda, su labor sirve de ejemplo para todos.

Pronunció un discurso en Naciones Unidas  realmente conmovedor. Cada una de sus frases son fuente de inspiración para superar las más adversas circunstancias. Está firmemente convencida de que debemos creer en el poder y la fuerza de nuestras palabras porque con ellas y con nuestras acciones podemos cambiar el entorno que tenemos alrededor.

La ONU declaró la fecha del 12 de julio como el “Día de Malala” y ella se comprometió anualmente a poner de relieve la situación de las jóvenes y niñas más desfavorecidas en el mundo. De hecho, la Fundación Malala proclama que “Si una sola niña con educación puede cambiar el mundo, ¿qué pueden hacen 130 millones de niños y niñas?”

Efectivamente, si estamos convencidos de nuestros valores y ellos nos impulsan a hacer algo por el bien de la sociedad, tenemos que defenderlos, expresar nuestros ideales y actuar en consonancia. Poco a poco, aparecerán las circunstancias y los foros donde hacer oír nuestra voz y contribuir a cambiar nuestra sociedad para bien.

En mayo visité el edificio de Naciones Unidas en Nueva York y leí sus palabras, que figuran en una de las paredes: “Un niño, un profesor, un bolígrafo y un libro pueden cambiar el mundo”

Finalizo este post con la idea de Malala que más me ha inspirado al conocer su historia y la actividad que desarrolla hoy:

“Cuando la debilidad, el miedo y la desesperanza mueren, la fuerza, el poder y el valor nacen”