Vencer el miedo al fracaso

Imagen de Sasint
Imagen de Sasint

En nuestra sociedad está mal visto fallar, a pesar de que existen numerosas frases compasivas con el error como “errar es de humanos y rectificar es de sabios”, “experiencia es el nombre que le damos a nuestras equivocaciones”,…y muchas más.  Sin embargo, parece que la opinión general se resiste a perdonar los fracasos.

Esto provoca que algunas personas tengan ideas limitantes sobre su propia valía y autoestima, conduciéndolas a temer el fracaso.

Conocer más sobre el miedo el fracaso fue el tema del que hablamos dentro del programa enComunicación.

Parece que a veces no necesitamos enemigos. Nosotros mismos podemos ser muy crueles a la hora de juzgarnos o de poner frenos que limiten nuestros avances y sueños.

Como ejemplo, hace unos días leí una interesante reflexión de una persona que decía textualmente: “Sé que soy mi peor enemigo, que le doy mucha más importancia a los comentarios negativos que a los positivos. Mi poca autoestima hace crecer el miedo al ridículo y al qué dirán en mi cabeza.”

Vemos aquí cómo nosotros mismos, a través del miedo, paralizamos la toma de decisiones y afectamos nuestra creatividad de forma negativa.

Robert Kelsey en su libro “¿Qué te detiene?” comenta que millones de personas inteligentes en todo el mundo normalmente no desarrollan todo su potencial debido al miedo al fracaso. Nosotros mismos, al decirnos que no podemos, afectamos nuestra conducta y esto nos puede llevar al fracaso. Así, este diálogo interior negativo lo transformamos en certeza y nos encontramos en una profecía autocumplida.

El miedo a no ser capaz o a ser rechazado por los demás supone un fuerte freno al éxito o a la obtención de metas alcanzables y realistas.

En este sentido, Kelsey cita a  Atkinson, de la Universidad de Stanford,  quien realizó una investigación sobre “Motivación para el éxito”.

En esta ocasión se dieron tareas relacionadas con el logro a un grupo de niños. En la primera etapa se observó que tenían dos reacciones respecto a la forma de afrontarlas: unos esperaban el éxito y otros esperaban un fracaso. Atkinson consideró entonces que la acción de una persona estaba influida según tuviera un nivel innato bajo o alto de “motivación para el éxito”.

Durante el estudio se permitió que los mismos niños eligieran sus tareas. Se vio que los que tenían una motivación alta para triunfar elegían tareas con un nivel medio de exigencia, porque se centraban en las recompensas del éxito.

Sin embargo, los que tenían una motivación baja o sentían miedo a fracasar, se ponían nerviosos ante tareas de dificultad media y, en muchos casos, trataban de evitarlas por completo.

La conclusión de Atkinson fue que a las personas con fuerte motivación para conseguir sus objetivos no les preocupa en gran medida el fracaso. En cambio, las personas que sienten miedo a fallar temen la humillación y por eso evitan todo aquello que suponga un potencial de fracaso. Se conforman, diríamoslo así, con hacer tareas simples o afrontar algunas casi imposibles debido a que las consecuencias del fracaso serían valoradas por los demás con cierta benevolencia puesto que el éxito era muy improbable y, al menos, se les reconocería el mérito de haberlo intentado.

El fracaso siempre supone una experiencia positiva, a pesar de que resulte difícil aceptarlo así. Entender el fracaso desde una doble perspectiva ayudará a tener más recursos para aprender y superar esta circunstancia:

Si lo planteamos como una lección en el camino hacia nuestro objetivo, será así.

Si lo consideramos como una confirmación definitiva de nuestra personalidad o de que no podremos conseguirlo, encontraremos ese resultado.

La clave está en aceptar el fracaso como parte del viaje, sin temerlo. Levantarse, una vez más, para continuar adelante aprendiendo lo que la vida y nuestras actitudes nos enseñan.

En definitiva, el problema y la solución del miedo al fracaso están siempre en uno mismo, la persona.

Podemos cortarnos las alas sin atrevernos a salir nunca del nido o ser capaces de volar hacia grandes objetivos en nuestras vidas y sociedades.

 

¿Qué eliges tú?…

Pasar del miedo al coraje es posible

Mandela Miedo Coraje

Una semana más seguimos nuestro camino por las emociones básicas en el programa enComunicación  de esRadio Valencia FM. En esta ocasión hablamos del miedo.

La función básica del miedo es avisarnos de un peligro. Esta circunstancia, sea real o imaginaria, inminente o no, puede poner en riesgo nuestra integridad o el bienestar que hemos tenido hasta el momento. Normalmente, el miedo desaparece cuando termina la situación que lo ha generado.

Ante un peligro real, el miedo es una emoción muy positiva. Pretende mantenernos a salvo y lograr nuestra supervivencia lo máximo posible.

El problema del miedo es cuando no existe una causa real que lo genere, sino que se produce en nuestra cabeza. Imaginamos los peores escenarios posibles ante situaciones que nos preocupan y no sabemos cómo resolver.

En este último tipo de miedo, -el imaginario-, existen dos circunstancias especiales:

  • miedo al fracaso, con la preocupación por cometer errores, la culpa por haberlos cometido, queremos que todo salga bien desde el principio.
  • miedo al rechazo, a no ser aceptado en un grupo familiar, social, profesional, queremos gustar a todos.

El miedo se expresa en el cuerpo con:

  • Mucha tensión
  • Ojos muy abiertos
  • Sensación de frío, temblor, sudor en las manos
  • Respiración irregular: sentimos angustia y ansiedad
  • En ocasiones, nos protegemos el cuerpo y la cara con brazos y manos

El miedo se manifiesta en dos tipos de acción:

  • Huir del peligro buscando protección, sea del tipo que sea: salir corriendo, gritar, pedir ayuda, esconderse….
  • Atacar como defensa ante la amenaza. Este “ataque” puede ser realizado físicamente, pero también con determinadas acciones que protejan el “territorio propio” como insultar, menospreciar al otro, usar la violencia…

¿Cómo podemos superar el miedo?

Existen situaciones donde el miedo es tan agudo que supone una parálisis real para la persona, convirtiéndose en fobia. En estas circunstancias se requiere un tratamiento especializado para afrontarlo.

Ahora bien, en el proceso de coaching podemos superar la emoción del miedo para convertirla en un motor que impulse nuestra vida.

Seguiremos unos pasos muy concretos:

  • Ser conscientes de lo que nos genera miedo, identificar las causas, las situaciones que interpretamos “amenazantes”, nuestras debilidades…
  • Gestionar las creencias limitantes, los pensamientos que nos inducen al miedo. Se trata de definir las situaciones concretas, separando claramente los hechos, las opiniones, los valores y las emociones. En definitiva, “mirar con otra perspectiva” el miedo.
  • Soltar y desahogar el nudo emocional. Cada persona elegirá qué método es más adecuado, a través de la risa, del llanto, de la meditación, del ejercicio..etc. Con esto, ganamos energía y coraje para deshacernos de esos pensamientos que nos limitan
  • Y, por último, actuar…traspasar el miedo para superar los desafíos y a nosotros mismos.

Por difícil que parezca, pasar del miedo al coraje SÍ es posible.