Gestionar los conflictos mentales

Imagen de Geralt
Imagen de Geralt

Todos en algunas ocasiones sentimos un intenso malestar por conflictos interiores que nos impiden tomar decisiones, sentirnos bien con nosotros mismos o tener el tipo de vida que quisiéramos.

Y en esto y mucho más interviene nuestro cerebro. En términos sencillos, dentro del mismo tenemos una zona primitiva y otra zona racional.

El libro “La paradoja del chimpancé” del Dr. Steve Peters, psiquiatra que trabaja para deportistas de elite y profesor en la Universidad de Sheffield, resulta muy adecuado para profundizar en este aspecto.

La zona primitiva –que Peters llama “Chimpancé”- se ocupa de preservar la supervivencia y de crear la siguiente generación, como forma de mantener la especie. Buscar alimentos y marcar el territorio, son algunas de las funciones de las que se ocupa esta zona.

En esta área se dan respuestas de Si / No.  No existe término medio: puede llegar construir o destruir.

Esto explica por qué a veces podemos ser nuestros mejores amigos y también nuestros peores enemigos.

Por otro lado, nuestra parte racional –denominada “Humano” por el psiquiatra Peters- analiza lo que sucede, busca pruebas y hechos que ayuden a tomar decisiones donde no medie la emoción. Se trata de nuestro pensamiento racional y lógico, evitando en ocasiones realizar juicios / opiniones.

El doctor explica que tanto el cerebro chimpancé como el cerebro humano necesitan existir y complementarse. Si el primero nos mantiene vivos, el otro busca conseguir las cosas que quiere en contextos de vida con principios éticos y morales para vivir en paz y armonía.

Para comprobar la acción implacable del chimpancé y el conflicto que se genera sobre el humano pongo el ejemplo de un escritor que comentaba “Cada paso que creía acertado para publicitar mi novela, era cercenado por mis miedos con la misma rapidez con que los ideaba. Ahora sé que son elaboraciones mentales que mis emociones se encargaban de producir y que rebosaban miedo al ridículo. A este primer momento de temor y desconfianza le seguía la resignación y la vuelta a la casilla de inicio sin opción a volver a tirar los dados”.

Y es que el chimpancé emocional es cinco veces más fuerte que el humano, en palabras de Peters. De ahí que no podamos vencer al chimpancé, sino de que lo tratemos de “orientar, encaminar…”.

Hablando con mayor precisión, de gestionar esas emociones, tarea nada sencilla en ocasiones.

¿Qué pasos tendríamos que seguir para gestionar los conflictos mentales?

  • Identificar en cada situación que nos encontremos quién está al mando ¿el chimpancé o el humano? A veces ambos están de acuerdo y esto es señal de que sentimos y hacemos lo correcto desde la mente y la emoción.
  • Comprender el proceso del cerebro para recibir la información. Todo lo entrante pasa siempre en primer lugar por nuestro lado chimpancé. Éste decide si debemos preocuparnos o no. En caso de que surja un motivo de preocupación, será el chimpancé quien controle las propias decisiones sobre lo que está pasando.
  • No controlar el lado emocional, sino gestionarlo dándole lo que necesita. Se trata de que escuchemos y liberemos la emoción) y la opinión que tenemos sobre algo que nos ha sucedido.

Una vez que la emoción se ha expresado de forma adecuada es posible recuperar un ánimo equilibrado, momento donde el cerebro humano podrá razonar y afrontar las dificultades.

Lo verdaderamente clave del asunto, en palabras de Peters, es que al cerebro chimpancé no le dominamos, sólo lo gestionamos.

Por último, no nos podemos limitar a considerar de una sola manera estas dos áreas del cerebro. Tanto el humano como el chimpancé pueden ser constructivos o destructivos.

En el próximo post conoceremos más aspectos de este apasionante mundo del cerebro.

 

Vencer el miedo al fracaso

Imagen de Sasint
Imagen de Sasint

En nuestra sociedad está mal visto fallar, a pesar de que existen numerosas frases compasivas con el error como “errar es de humanos y rectificar es de sabios”, “experiencia es el nombre que le damos a nuestras equivocaciones”,…y muchas más.  Sin embargo, parece que la opinión general se resiste a perdonar los fracasos.

Esto provoca que algunas personas tengan ideas limitantes sobre su propia valía y autoestima, conduciéndolas a temer el fracaso.

Conocer más sobre el miedo el fracaso fue el tema del que hablamos dentro del programa enComunicación.

Parece que a veces no necesitamos enemigos. Nosotros mismos podemos ser muy crueles a la hora de juzgarnos o de poner frenos que limiten nuestros avances y sueños.

Como ejemplo, hace unos días leí una interesante reflexión de una persona que decía textualmente: “Sé que soy mi peor enemigo, que le doy mucha más importancia a los comentarios negativos que a los positivos. Mi poca autoestima hace crecer el miedo al ridículo y al qué dirán en mi cabeza.”

Vemos aquí cómo nosotros mismos, a través del miedo, paralizamos la toma de decisiones y afectamos nuestra creatividad de forma negativa.

Robert Kelsey en su libro “¿Qué te detiene?” comenta que millones de personas inteligentes en todo el mundo normalmente no desarrollan todo su potencial debido al miedo al fracaso. Nosotros mismos, al decirnos que no podemos, afectamos nuestra conducta y esto nos puede llevar al fracaso. Así, este diálogo interior negativo lo transformamos en certeza y nos encontramos en una profecía autocumplida.

El miedo a no ser capaz o a ser rechazado por los demás supone un fuerte freno al éxito o a la obtención de metas alcanzables y realistas.

En este sentido, Kelsey cita a  Atkinson, de la Universidad de Stanford,  quien realizó una investigación sobre “Motivación para el éxito”.

En esta ocasión se dieron tareas relacionadas con el logro a un grupo de niños. En la primera etapa se observó que tenían dos reacciones respecto a la forma de afrontarlas: unos esperaban el éxito y otros esperaban un fracaso. Atkinson consideró entonces que la acción de una persona estaba influida según tuviera un nivel innato bajo o alto de “motivación para el éxito”.

Durante el estudio se permitió que los mismos niños eligieran sus tareas. Se vio que los que tenían una motivación alta para triunfar elegían tareas con un nivel medio de exigencia, porque se centraban en las recompensas del éxito.

Sin embargo, los que tenían una motivación baja o sentían miedo a fracasar, se ponían nerviosos ante tareas de dificultad media y, en muchos casos, trataban de evitarlas por completo.

La conclusión de Atkinson fue que a las personas con fuerte motivación para conseguir sus objetivos no les preocupa en gran medida el fracaso. En cambio, las personas que sienten miedo a fallar temen la humillación y por eso evitan todo aquello que suponga un potencial de fracaso. Se conforman, diríamoslo así, con hacer tareas simples o afrontar algunas casi imposibles debido a que las consecuencias del fracaso serían valoradas por los demás con cierta benevolencia puesto que el éxito era muy improbable y, al menos, se les reconocería el mérito de haberlo intentado.

El fracaso siempre supone una experiencia positiva, a pesar de que resulte difícil aceptarlo así. Entender el fracaso desde una doble perspectiva ayudará a tener más recursos para aprender y superar esta circunstancia:

Si lo planteamos como una lección en el camino hacia nuestro objetivo, será así.

Si lo consideramos como una confirmación definitiva de nuestra personalidad o de que no podremos conseguirlo, encontraremos ese resultado.

La clave está en aceptar el fracaso como parte del viaje, sin temerlo. Levantarse, una vez más, para continuar adelante aprendiendo lo que la vida y nuestras actitudes nos enseñan.

En definitiva, el problema y la solución del miedo al fracaso están siempre en uno mismo, la persona.

Podemos cortarnos las alas sin atrevernos a salir nunca del nido o ser capaces de volar hacia grandes objetivos en nuestras vidas y sociedades.

 

¿Qué eliges tú?…

Cuando llega el huracán del cambio

Imagen NASA
Imagen NASA

La vida no es siempre estática ni tranquila. A lo largo de nuestra existencia, viviremos épocas de estabilidad y atravesaremos otras donde las condiciones exteriores serán muy adversas, con símiles meteorológicos de lluvia, viento…y hasta huracanes y tsunamis.

Estos vaivenes o “turbulencias” las sufriremos no sólo como personas, también como colectivos, en las organizaciones e incluso en los países…

Momentos de gran confusión e incertidumbre. Algunos serán cambios inesperados, otros previsibles, pero no deseados, (rupturas, enfermedad, fallecimientos, despidos, fusiones, quiebra….).

Llega el “huracán” del cambio y se lleva parte de lo que ha sido nuestra vida hasta el momento. Nos desaloja sin piedad ni contemplaciones de nuestra llamada zona de confort.

 

¿Cómo entender y asumir un cambio de estas características?

Primero, comprendiendo cómo funciona el proceso que tenemos por delante.

Es decir, racionalizando, dentro de lo que se pueda en esos momentos de fuerte intensidad emocional, cómo va a ser el camino que tendremos por delante para saber vivir las emociones que aparecerán en cada una de esas etapas.

Después prepararnos para saber cómo actuar y aceptar cada situación que sobrevendrá, superándola todo lo mejor que sea posible.

Imagen de Alexas Fotos
Imagen de Alexas Fotos

Por ello quiero compartir con los oyentes el modelo de las cinco etapas del duelo  desarrollado por la psiquiatra Elisabeth Kubler-Ross, que luego fue adaptado también al ámbito de las organizaciones por Dennis Jaffe y Cinthia Scott para tratar la gestión del cambio.

Estas etapas son: Negación, Frustración, Depresión, Exploración y Aceptación

En esta ocasión hablaré de las tres primeras, las más difíciles de enfrentar, sin duda.

Empezaremos por la Negación que supone una estrategia de defensa frente al cambio. Se piensa que ignorar el cambio lo hará desaparecer. Miramos hacia otro lado, hacia el pasado y el recuerdo de un tiempo mejor. Se culpa de la situación a otros, a las circunstancias, al destino. Y se busca la rutina como una forma de agarrarse a algo “seguro”.

Tenemos que aceptar este primer golpe del cambio y entenderlo como tal, con todo el cúmulo de emociones de tristeza, apatía, rabia y miedo que nos provoque. Vivirlo y aceptarlo así como es, con toda la dificultad que trae, para poder pasar a la siguiente fase.

Entramos en la Frustración cuando ya hemos reconocido que el cambio ha entrado en nuestras vidas, en la organización. Asumimos una actitud agresiva y defensiva ante el miedo al futuro. Nos invade una sensación de pérdida de poder, relaciones, estabilidad.

La negatividad y las quejas son constantes, apareciendo el victimismo y la resistencia al cambio en forma de apatía, unas veces, y de agresividad e ironía, otras.

Es importante entender esta etapa y estas emociones como el límite que marcamos de nuestra posición para no “perder” más. Pero cuando el malestar y el desgaste son grandes, hay que desprenderse de ellas, “soltarlas” de la manera más adecuada posible, antes que esas emociones nos dañen.

A veces, de la frustración –si no la sabemos afrontar bien- podemos pasar a la Depresión, a tocar fondo, al bloqueo y a la parálisis emocional. Se necesitarán grandes dosis de fortaleza interior e, incluso, de ayuda exterior para superar esta fase.

No podemos quedarnos mucho tiempo en la frustración ni en la depresión. Es lo peor que puede suceder por las consecuencias físicas y emocionales tan serias que conllevan ambas etapas, las más difíciles de todo este proceso.

Pero esto no termina aquí, con esta “fotografía” de una catástrofe, donde quedan las imágenes de lo que se llevó el huracán del cambio….

¿La buena noticia?

Atravesaremos otras etapas que nos llevarán a encontrar nuevas opciones y mejores alternativas y formas de ver y vivir.

En definitiva, a pasar de la adversidad a la oportunidad.

Éste será el tema del próximo post

 

 

La amplitud y fuerza de la emoción del amor

amor

Fotografía de Sarah Graybeal

La emoción del amor ha sido el broche especial del recorrido por las emociones básicas que hemos realizado en el programa enComunicación  de EsRadio Valencia FM.

El amor es la energía más poderosa del Universo. Puede transformar otras emociones que generan malestar tanto en nosotros mismos como en los demás. Si se quiere y se pone intención en hacerlo, acciones como una sonrisa, un gesto amable,  un abrazo y palabras como “lo siento”, “gracias”, “te quiero”  pueden terminar un conflicto.

Para algunas personas el amor podría parecer una emoción suave. Otras lo ven con cierto tono romántico.

El Diccionario de la RAE  asigna hasta catorce significados a la palabra “amor”, que podríamos agruparlos en estas tres líneas principales:

  • Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.
  • Tendencia a la unión sexual.
  • Esmero con que se trabaja una obra deleitándose en ella.

El amor aparece en aspectos de la vida como:

  • la protección de los demás, el cariño y el sentido de pertenencia en la pareja, la familia, colectivos profesionales, clubes de aficionados, etc…
  • la vocación que siente la persona hacia una actividad profesional o artística; es la pasión y el talento con que se realiza.
  • la solidaridad y el amor espiritual hacia personas y entornos desfavorecidos que realizan las organizaciones religiosas y civiles…

El Papa Juan Pablo II escribió: “El ser humano no puede vivir sin amor. Sin amor el hombre no se comprende a sí mismo; su vida sin amor no tiene sentido”

De hecho, el amor crea vínculos afectivos desde el nacimiento que son imprescindibles para el crecimiento emocional equilibrado y positivo.  Predispone a que haya entendimiento mutuo con el otro.

El problema está cuando se produce dependencia de la otra persona o de algo. Y es que el amor tiene intensidades. Puede ir desde los celos y la idolatría hasta la aceptación, la ternura y la confianza.

En este sentido, Eduardo Punset, Rafael Bisquerra y PalauGea -en el libro Universo de las emociones – comentan la complejidad del amor.  Esta complejidad obedece a que una sola palabra refleja muchos tipos y formas de amor (: enamoramiento, empatía, simpatía, aceptación, autoestima, amabilidad, solidaridad, gratitud, compasión,….

 

Estos autores citan expresamente que “La función del amor es aumentar las probabilidades de permanencia de la especie. En este sentido tiene que ver, lógicamente, con la reproducción. Hay un largo proceso para asegurar la reproducción, que puede incluir la atracción erótica, el enamoramiento, el compromiso, la maternidad y paternidad, la convivencia, etc. Según en qué aspecto fijemos la atención, tendremos distintas formas de entender el amor.”

¿Qué nos ofrece el amor?

Desde el ámbito de la psicología se afirma que la madurez humana consiste en haber aprendido a amar y ser capaces de amar. Muchas neurosis, amarguras y tristezas se originan en el egoísmo y se curan dando amor.

El amor conduce a un estado de bienestar. Según Punset, activa el sistema parasimpático que libera hormonas que nos llevan a un estado de felicidad.

Los beneficios del amor para la salud son múltiples: mejora el sistema inmunitario, disminuye el  estrés, proporciona vitalidad y aumenta la autoestima.

Para la persona y su comunicación, el amor hace que nos sintamos más felices, favorece los vínculos sociales y nos hace disfrutar de las pequeñas cosas de la vida.

El amor es la emoción que transforma profundamente a la persona y la une a los demás de forma muy especial.

 

 

 

¿Cómo alcanzar un sano orgullo?

orgullo

En el programa EnComunicación  de EsRadio Valencia FM hablamos de una emoción –el orgullo– un tanto controvertida según sea la perspectiva desde la que se trate.

El Diccionario de la RAE define “orgullo” textualmente como  “arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas”.

Pero esta definición muestra una visión muy reducida de la palabra. Si buscamos más, encontramos  significados de “orgullo” relacionados con las causas que producen esta emoción:

  • Satisfacción por algo propio o cercano a uno que se considera valioso
  • Persona o cosa que produce este sentimiento
  • Amor propio o pundonor

Lo anterior muestra un sentimiento elevado de dignidad personal, entendido como admiración y reconocimiento tanto propio como ajeno. Esta emoción surge, por ejemplo, cuando se han atravesado situaciones difíciles con resultados que superan con mucho los estándares normales.

Por otro lado, el orgullo, a veces, tiene una perspectiva negativa.  Puede construir  muros entre los demás y la persona  que se ha vuelto demasiado egocéntrica al pensar sólo en sí misma.  Actitudes como considerar que la opinión propia es la única que vale, no reconocer las equivocaciones, esperar que los demás sean quienes den el primer paso cuando hay conflictos, creerse imprescindible, ..etc, son características de esta emoción llevada a exceso.

¿Qué hacer para gestionar el orgullo de forma positiva?

  • El primer paso consiste en reconocerlo y aceptarlo.
  • Darnos cuenta de que nosotros no “somos” el cargo, ni el rol que asumimos en algún momento de nuestra vida, ni tampoco las posesiones materiales que tenemos. Asumir que todo eso es algo temporal  y que aquí quedará cuando finalicemos nuestra existencia física.

Me gusta recordar la frase que escuchaban los césares y los generales de Roma, de boca de un esclavo subido a su lado en el mismo carro, cuando entraban victoriosos en la ciudad con el triunfo conseguido en las batallas:  “Mira hacia atrás y recuerda que tan sólo eres un hombre…”

romano

  • Aprender de los errores cometidos
  • Perdonarnos a nosotros mismos de lo que no hemos sabido o no hemos querido ver.
  • Aceptar a los demás con todas sus diferencias hacia nosotros. Todo encierra algo positivo
  • Potenciar la comunicación para comprender a la otra persona y llegar a acuerdos

Por el contrario, cuando la emoción del orgullo está en su nivel mínimo, podemos hablar de un problema de baja autoestima e inseguridad personal.

Desde la situación concreta en la que se está produciendo la baja autoestima, los pasos a seguir serán:

  • Pedir ayuda cuando es necesario. En ocasiones cuesta mucho dar este paso y asumir que a veces solos no podemos con determinadas circunstancias.
  • Desde coaching, analizar los hechos con la persona para saber si su perspectiva se basa en realidades o en suposiciones
  • Identificar y entender las situaciones propias y/o ajenas que no permiten crecer, que frenan la vida que se quiere conseguir
  • Afrontar el miedo y abandonar el victimismo

De esta manera, en mi opinión, encontraremos los recursos internos que impulsen a la persona para tomar las decisiones necesarias y  salir  adelante. En definitiva,  lograr la “energía” de la motivación, el esfuerzo y la dedicación.

Con estos pasos, habremos conseguido alcanzar un sano orgullo que nos nutre con su perspectiva más positiva: el afán de superación y la dignidad.

 

La alegría como actitud de vida

lluvia

En el programa enComunicación hablamos de la alegría dentro del recorrido que estamos haciendo por las emociones básicas.

La alegría es una emoción agradable para las personas. Supone una actitud positiva y constructiva tanto hacia sí mismas como hacia los demás. También implica una buena dosis de energía y de movimiento corporal.

La alegría permite afrontar los desafíos de la vida con otra perspectiva. Nutre nuestro cuerpo y mente de salud y optimismo.

La alegría puede originarse por un hecho agradable. Pero habitualmente es algo temporal. El reto es convertirla en una actitud de vida, una actitud positiva que determine de forma relevante los pensamientos y acciones.

¿Qué hechos producen alegría?

  • Algo bueno sucedió
  • Se abrieron puertas, posibilidades previstas o imprevistas
  • Otras personas nos “contagian” su alegría

La alegría se expresa corporalmente a través de:

  • Cuerpo relajado
  • Los músculos del diafragma se tensan por la risa y la respiración
  • Boca entreabierta, con los pliegues del labio superior hacia arriba,
  • Los ojos se hacen más pequeños
  • Aumenta el volumen de la voz

La alegría es una emoción que “pide movimiento” : saltar, reír, compartir y celebrar. Supone recuperar y disfrutar del placer de vivir, de los momentos compartidos. Esta emoción facilita el acercamiento a los demás con una mirada más comprensiva y abierta.

Antes hemos dicho que la alegría podía ser una emoción pasajera.

¿Qué podemos hacer para convertirla en actitud de vida?

Es importante incorporar la alegría en nuestra vida, hacer que el cuerpo y la mente sientan alegría de forma habitual. Algunas sugerencias pueden ser:

  • Dejar la queja de lado. Quejarse por quejarse amarga nuestro estado emocional.
  • Vivir el presente, no atarnos al pasado ni desesperarnos por el futuro
  • Querernos a nosotros mismos, mimándonos con pequeños “regalos”, materiales o no.
  • Celebrar las cosas buenas que nos ofrece la vida. Seguramente nos daremos cuenta de lo mucho y valioso que tenemos en nuestra realidad cotidiana, como vivienda, comida, familia, amistades…..
  • Agradecer lo que tenemos y a las personas que están a nuestro lado. Incluso las que no sean tan “amistosas” porque nos ayudan a superarnos y a ver la cara positiva de la vida, desde otro punto de vista por difícil que parezca.
  • Rodearnos de gente positiva
  • Crear nuestros propios momentos felices como escuchar música que eleve el ánimo, disfrutar de la Naturaleza, jugar y reír con los niños…

Estas son algunas de las acciones que generarán emociones positivas para vivir con esperanza e ilusión. Nos  fortalecerán para hacer frente a las contrariedades que siempre nos sucederán con mayor dominio de nosotros mismos.

Para finalizar este post, quiero citar las palabras de Boris Cyrulnik en una entrevista realizada por el diario El País. Este psiquiatra francés considerado como uno de los padres de  la resiliencia dice “Ahora sabemos que la felicidad es un tricotar continuo; es el placer de vivir cotidiano; es un trabajo de todos los días, no es metafísico. La artesanía de la felicidad cotidiana se tricota día a día”

 

Pasar del miedo al coraje es posible

Mandela Miedo Coraje

Una semana más seguimos nuestro camino por las emociones básicas en el programa enComunicación  de esRadio Valencia FM. En esta ocasión hablamos del miedo.

La función básica del miedo es avisarnos de un peligro. Esta circunstancia, sea real o imaginaria, inminente o no, puede poner en riesgo nuestra integridad o el bienestar que hemos tenido hasta el momento. Normalmente, el miedo desaparece cuando termina la situación que lo ha generado.

Ante un peligro real, el miedo es una emoción muy positiva. Pretende mantenernos a salvo y lograr nuestra supervivencia lo máximo posible.

El problema del miedo es cuando no existe una causa real que lo genere, sino que se produce en nuestra cabeza. Imaginamos los peores escenarios posibles ante situaciones que nos preocupan y no sabemos cómo resolver.

En este último tipo de miedo, -el imaginario-, existen dos circunstancias especiales:

  • miedo al fracaso, con la preocupación por cometer errores, la culpa por haberlos cometido, queremos que todo salga bien desde el principio.
  • miedo al rechazo, a no ser aceptado en un grupo familiar, social, profesional, queremos gustar a todos.

El miedo se expresa en el cuerpo con:

  • Mucha tensión
  • Ojos muy abiertos
  • Sensación de frío, temblor, sudor en las manos
  • Respiración irregular: sentimos angustia y ansiedad
  • En ocasiones, nos protegemos el cuerpo y la cara con brazos y manos

El miedo se manifiesta en dos tipos de acción:

  • Huir del peligro buscando protección, sea del tipo que sea: salir corriendo, gritar, pedir ayuda, esconderse….
  • Atacar como defensa ante la amenaza. Este “ataque” puede ser realizado físicamente, pero también con determinadas acciones que protejan el “territorio propio” como insultar, menospreciar al otro, usar la violencia…

¿Cómo podemos superar el miedo?

Existen situaciones donde el miedo es tan agudo que supone una parálisis real para la persona, convirtiéndose en fobia. En estas circunstancias se requiere un tratamiento especializado para afrontarlo.

Ahora bien, en el proceso de coaching podemos superar la emoción del miedo para convertirla en un motor que impulse nuestra vida.

Seguiremos unos pasos muy concretos:

  • Ser conscientes de lo que nos genera miedo, identificar las causas, las situaciones que interpretamos “amenazantes”, nuestras debilidades…
  • Gestionar las creencias limitantes, los pensamientos que nos inducen al miedo. Se trata de definir las situaciones concretas, separando claramente los hechos, las opiniones, los valores y las emociones. En definitiva, “mirar con otra perspectiva” el miedo.
  • Soltar y desahogar el nudo emocional. Cada persona elegirá qué método es más adecuado, a través de la risa, del llanto, de la meditación, del ejercicio..etc. Con esto, ganamos energía y coraje para deshacernos de esos pensamientos que nos limitan
  • Y, por último, actuar…traspasar el miedo para superar los desafíos y a nosotros mismos.

Por difícil que parezca, pasar del miedo al coraje SÍ es posible.

Siempre hay una buena salida para la tristeza

Tristeza

Seguimos caminando por el mundo de las emociones básicas y en el programa de enComunicación de esta semana hemos hablado de la tristeza.

Mario Alonso Puig en su libro “Vivir es un asunto urgente” señala que las emociones que más vergüenza nos da expresar son el miedo y la tristeza. Especialmente comenta que cuando no se expresan bien pueden ser transmutadas en resentimiento.

Los hechos que causan tristeza podríamos centrarlos en que:

  • Algo malo nos pasó, dejando atrás una fuerte sensación de fracaso
  • Algo o alguien querido se perdió: una persona, una relación, un trabajo, …..
  • Se cerró una posibilidad de hacer algo o de estar con alguien,se perdió la ilusión
  • O bien finalizó un ciclo vital, ya sea personal o profesional

La tristeza se expresa corporalmente con:

  • Mirada hacia abajo, boca con rictus descendente
  • Los hombros se encogen, el cuerpo se “siente” pesado
  • En ocasiones cuesta trabajo respirar
  • El tono y el volumen de la voz son bajos
  • Puede aparecer el llanto o algunas lágrimas
  • En general, tenemos baja energía y nuestros movimientos son lentos

¿De qué manera podemos soltar la tristeza?

La tristeza, -a diferencia de otras emociones como el enojo y la alegría que “desbordan” por salir-,  supone introspección. La atención se enfoca hacia el interior de uno mismo.

  • El ánimo está bajo y no hay interés ni se quiere salir al exterior
  • Se busca el silencio
  • Se llora
  • Se busca consuelo en algo o en alguien que nos pueda escuchar y comprender
  • Se ven dificultades en todo lo que hacemos y nos rodea
  • Los comentarios pueden tener  un tono pesimista y resignado

Desde la perspectiva del coaching, en la tristeza se hace necesario “vivir el período de duelo” para aceptar la pérdida que se ha producido. Es un final de ciclo, de algo o de alguien que requiere esos momentos de soledad y de introspección profundas.

Entender racionalmente cómo se siente y se expresa la tristeza, puede evitarnos que caigamos en un declive descendente hacia la depresión,  de la que es mucho más difícil salir y requiere una ayuda externa médica muy cualificada y prolongada.

Una vez que hemos aceptado la pérdida o que hemos aprendido del error, según sea el origen de la tristeza, podremos afrontar otras estrategias para recuperar el ánimo y el pensamiento positivo, como retomar actividades que nos hagan sentir bien de forma progresiva: pasear, hacer ejercicio suave, contemplar paisajes de la Naturaleza, escuchar música, leer libros, conversar con alguien de confianza,….cada persona sabrá qué es lo mejor en esos momentos.

Cuando se ha superado  el “duelo” que lleva la tristeza, habremos descubierto:

  • Recursos dentro de nosotros mismos
  • Todo aquello, las personas que tenemos a nuestro alrededor y que son  esenciales para mantenernos “a flote”, para recuperar la confianza y la alegría.
  • Nuevos horizontes de perspectiva para la acción

nubes

Hoy quiero cerrar este post con una frase muy especial del poeta Khalil Gibran:

“Aunque la tormenta sea muy larga, el Sol siempre volverá a brillar entre las nubes”

 

Expresar y gestionar el enojo

jaguar

Un antiguo proverbio chino dice Cuando te inunde una enorme alegría, no prometas nada a nadie. Cuando te domine un gran enojo, no contestes ninguna carta.”

Dentro del programa enComunicación que se emite todos los jueves en EsRadio Valencia, hablamos sobre el enojo en Coaching para ti, como emoción básica que influye en nuestra comunicación con los demás.

El enojo y sus diversas intensidades como la indignación, ira, odio es un comportamiento agresivo. Una reacción instintiva de lucha cuando nos amenaza algún peligro.

¿Qué motiva nuestro enojo?

  • Sucedió algo desagradable, algo que no debería haber sucedido.
  • Alguien de mi entorno rompió o transgredió un límite. Según mis valores, esa persona cruzó la “línea roja” de lo admisible.

¿Siempre la emoción del enojo es negativa?

En algunos contextos-, es el punto que marca un antes y un después en una situación desagradable que hemos soportado, tal vez, durante mucho tiempo. Es el “!!BASTA YA!!”, la defensa y recuperación de un espacio, de la autoestima,  de un valor…..algo muy importante que habíamos perdido. En este caso, el enojo es positivo.

Seguramente todos hemos vivido en nuestros ámbitos personales y profesionales algunas situaciones que nos han enfadado y han obligado a poner límites.

Lo negativo es cuando el enojo se mantiene en el tiempo porque puede dar lugar al resentimiento y odio permanente.

¿Cómo se expresa, identifica, el enojo?

  • Cuerpo en tensión, movimientos rápidos y bruscos, respiración fuerte, dientes apretados, mirada fija, ceño fruncido, puños apretados.
  • Si es muy fuerte la emoción, aumenta la presión cardíaca y arterial, el nivel de
  • Discutir a gritos, utilizar palabras agresivas
  • No escuchar
  • Responder con violencia
  • En ocasiones, golpear y romper cosas
  • Atacar verbal y físicamente al otro.

¿Cómo ex – presar y gestionar el enojo?

El enojo tiene que salir al exterior, es como una explosión. Es necesario desactivar esa tensión.  Si nos quedamos atrapados en la emoción, nos llevará a excesos de los que nos podremos arrepentir.

Algunas ideas iniciales para dar una salida natural y sana al enojo serían:

1.- Soltar la emoción, con movimiento y acción. Cada persona elegirá la opción que sea mejor. Por ejemplo:

  • Practicando ejercicio físico
  • Pintando, bailando, haciendo alguna labor manual y/o creativa….
  • Utilizando técnicas de relajación y meditación,
  • Contándoselo a alguien de confianza….

2.- Después de soltar o desahogar la parte física, podremos pensar con más claridad

  • Recuperando pensamientos positivos que cambien el  estado mental para serenar el impacto de la emoción
  • Centrarnos en la solución, no en el problema.

Con esto reducimos la tensión emocional y mejoramos nuestra comunicación -escuchando y hablando con más calma y firmeza, pero sin agresividad-.

Creo que es la manera más sana de gestionar el enojo.  Interesa comunicar bien cuáles son nuestras necesidades y cómo realizarlas sin herir a otros. Ser firme, asertivo, supone respetarse a uno mismo y a los demás.

Como es habitual también puede escucharse en el Canal de Ivoox http://encomunicacion.ivoox.com y en el Podcast de iTunes poniendo “encomunicacion” o descargarte el audio completo.

Puedes encontrar el resto de colaboraciones en la sección de Artículos de Anathenea o en la categoría de este blog.

 

 

Nueva temporada de “Coaching para ti” – programa EnComunicación

Rumbo

El jueves pasado comenzó la 5ª temporada del programa de radio EnComunicación, que se emite en directo todos los jueves de 19.00 a 20.00 horas en EsRadio Valencia (90.5 FM).

También puede escucharse en el Canal de Ivoox – http://encomunicacion.ivoox.com y en el Podcast de iTunes poniendo “encomunicacion”

En la sección “Coaching para ti” de este primer programa presentamos lo que será la hoja de ruta para esta nueva temporada.

Descubriremos aspectos importantes del coaching, como actividad profesional, su relación con la comunicación y su aporte para favorecer la interacción entre las personas.

Hablaremos de las habilidades de comunicación tan necesarias para entender a los demás y establecer conversaciones abiertas y constructivas. Me refiero a la escucha activa, al estar atento y participativo, la forma de preguntar, el significado de los silencios….

Exploraremos también las características de nuestro diálogo interior, ¿qué pensamos de nosotros mismos y de los demás? ¿qué decimos y qué omitimos en nuestras conversaciones? Entender esto nos ayudará a hablar sin herirnos ni herir a los otros.

Analizaremos los pensamientos que nos impulsan a creer en nosotros mismos y aquellos que, por el contrario, limitan nuestro potencial y afectan nuestra felicidad y bienestar.

Y, por supuesto, conoceremos las maneras de expresar nuestras emociones y estados de ánimo.

Invito a los oyentes a comenzar el camino del coaching y la comunicación para favorecer las relaciones personales y profesionales, en beneficio de una mejor convivencia.

¡!Hasta el próximo programa!!