El peaje y los bollitos

Imagen de Rolyart
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Cuenta una leyenda atribuida a los indios cherokee la existencia de dos lobos en el interior de cada persona. Uno de ellos, violento y con necesidad de venganza. El otro, con cualidades de perdón y amor. ¿Cuál de ellos ganará el conflicto?, preguntaban al chamán. El que cada uno de nosotros alimente, decía el hombre sabio…

Así comenzó la segunda sesión de Píldoras de inspiración del programa enComunicación  que se emite todos los jueves en esRadio Valencia FM.

Compartí con los oyentes una situación, de la vida real, en la que convivieron ambos lobos  donde ganó el de la sensatez y la concordia.

A finales de agosto Bianca Vanni, una maestra de infantil de la provincia de Córdoba, en Argentina, madre de una pequeña niña, al llegar a la estación de peaje en la autopista, se dio cuenta que había olvidado su billetera y no podía abonar el ticket para continuar viaje.

Pidió a una empleada de la cabina de peaje que la dejaran pasar, que podía dejarle el DNI de su hija y luego le traería el importe adeudado. Ésta no accedió y llamó un supervisor, quien tampoco atendió su solicitud y, ante la insistencia de la joven maestra, requirió la presencia de un policía para que la hiciera desistir de su reclamo.

Ante esta penosa situación y, al ver la humillación que sufría Bianca, un conductor que estaba en la fila le proporcionó los 25 pesos (algo más de 1 euro) y con su actitud generosa logró que ella pudiera pasar por el peaje.

Días después, Bianca escribió una carta al supervisor y se la entregó personalmente, junto con una bolsa de bollitos y 50 pesos (2 euros aproximadamente).

¿Qué decía en la carta?

La protagonista de esta historia se refiere a la rabia y humillación que sintió por la actitud de las personas que no fueron capaces de ponerse en su lugar ni comprendieron su situación.

En su carta, la maestra sugiere al empleado que, con esta experiencia y con lo que ella ha hecho, reflexione sobre la capacidad de ponerse en el lugar del otro.  Por ese motivo, ella le regala una bolsa con bollitos y, además, dentro le pone esos 50 pesos para que el supervisor los reserve en caso de que, alguna vez, a otras dos personas se les olvidara la billetera, así no tendrán que sufrir el mal momento que ella vivió.

Por último, la protagonista de esta historia, maestra de infantil, le recuerda al empleado que en esa etapa de educación se enseña a los niños la capacidad de compartir y la solidaridad con los demás.

A pesar que aún sigue enfadada, como ella comentó en varios medios de comunicación, el tono general de la carta es muy educado y respetuoso. Transmite una enseñanza muy positiva y estimulante.

Esta carta se viralizó en internet y suscitó cientos de comentarios en las redes sociales.

Ahora bien, lo que quiero señalar especialmente es la actitud y el tono que adoptó la maestra.

Después del incidente podría haber volcado su enfado en las redes sociales, cosa que cada vez es más habitual como medio de protesta y queja. Sin embargo, no insultó a quienes la humillaron en público por su error.

“Soy educadora, me parece que vivimos en un mundo lleno de violencia; lo primero que siempre hacemos es insultarnos, agredirnos y actuar sin pensar. Precisamente es lo que intenté no hacer”, decía Bianca en una entrevista.

Traigo esta historia como píldora de inspiración, porque Bianca Vanni, esa joven maestra de infantil y madre de una pequeña hija, predicó con el ejemplo y dio un mensaje importante de comprensión y solidaridad, haciendo en su vida cotidiana lo mismo que enseña a los niños en el jardín de infantes donde da clases.

“El ordenador” de nuestra mente

Imagen de Geralt
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En la última sesión de Coaching para ti de la sexta temporada de enComunicación hablamos de un tercer elemento de la mente: el “ordenador”, como lo llama Steve Peters en su libro “La paradoja del chimpancé”.

Cuando nacemos, lo traemos vacío. Con el paso del tiempo tanto nuestro “chimpancé” como nuestro “humano” irán introduciendo pensamientos y conductas, como si fueran los archivos en el disco duro.

En este “ordenador” existen cuatro elementos que influyen en su funcionamiento:

  • El piloto automático. Es el pensamiento o conducta positiva y útil. Ejemplo: vestirse, caminar, asearse, etc.
  • El duende. Pensamiento o conducta inútil o negativa que puede frustrarnos o enfadarnos a la hora de tomar decisiones. Ejemplo: pensar por anticipado las peores situaciones negativas.
  • El trasgo es como el duende, pero mucho más arraigado y muy difícil de suprimir. Peters cita las conductas y pensamientos que adquirimos desde niños y que a veces siguen entorpeciendo nuestra vida adulta. Por ejemplo, un trasgo que he observado en sesiones de coaching con algunos hombres que dicen “los hombres no lloran”. Cuando comienzan a emocionarse por algún suceso ocurrido, rápidamente reprimen esta emoción y dicen esta frase en voz alta.
  • La piedra de la vida está formada por los valores, creencias y conductas por las que la persona guía su vida. Son el marco conceptual sobre aspectos que identificamos como positivos o necesarios en nuestra vida: honestidad, confianza, libertad, …

Como podemos ver, el ordenador tiene un disco duro donde el chimpancé y el humano toman información para conformar sus decisiones.  De ahí la importancia que adquiere el “ordenador” para los procesos de coaching.

Lo primero que tenemos que hacer es identificar a los duendes, trabajarlos internamente y convertirlos en pilotos automáticos. Si el chimpancé y el humano encuentran datos constructivos al consultar el ordenador, los aceptarán y actuarán correctamente. En cambio, si lo que encuentran es un duende destructivo, la acción irá en consecuencia con esa línea de pensamiento.

Peters pone el caso de saber decir “no” para eliminar un duende y transformarlo en piloto automático:

El duende de una persona que dice “sí” a todo porque no quiere dar una imagen negativa, quiere caer bien a los demás, al final logrará que la persona se sobrecargue de obligaciones, trabajo y situaciones que la abruman. Esto hará que se sienta cada vez más enfadada consigo misma y con los demás.

Entonces, debemos sustituir ese duende por un pensamiento que sea más adecuado y útil, nacido desde dentro de cada persona. Ejemplo: “las personas respetan a las personas asertivas”.

Todo esto lleva su tiempo. El cambio no se produce de la noche a la mañana. Aquí cuenta la persistencia constante en cada momento que nos “asalte” un duende de estas características. Además, es muy importante que la persona encuentre sus propias “verdades”, es decir, sus pensamientos que le sirvan para reforzarlos de forma continua.  Sólo así quedarán grabadas en el ordenador.

A veces ocurre que aparecen varios duendes al mismo tiempo. Aquí no cabe otra opción que “separarlos”. Peters aconseja que los escribamos en un papel a medida que los vayamos identificando. Una vez hecho esto, se trata de “transformar” uno a uno cada duende basándose en la “verdad” adecuada para conseguir el piloto automático respectivo.

Algunos ejemplos de duendes y verdades pueden ser:

  • “Tengo que causar buena impresión” a transformar en una verdad como “Sólo puedo ser yo mismo. No tengo por qué caerle bien a todo el mundo”
  • “Me juzgarán” puede cambiarse en un piloto automático como “No puedo evitar que me juzguen, pero sí disfrutar de quien soy”

Animo a todas las personas para que reflexionen sobre las experiencias que tengan y cómo las interpretan. Tanto los pilotos automáticos como los duendes se introducen en el ordenador con cada experiencia, con los intercambios de opiniones y con las enseñanzas que recibimos.

Si valoramos esas experiencias como positivas, en el futuro serán respuestas automáticas que “el ordenador” de nuestra mente dará a situaciones similares, mientras que si son negativas, serán duendes que interferirán en la interpretación y vivencia de las mismas desatando nuevamente el conflicto entre “el chimpancé y el humano”.

 

La decisión es de cada persona.

Gestionar los conflictos mentales

Imagen de Geralt
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Todos en algunas ocasiones sentimos un intenso malestar por conflictos interiores que nos impiden tomar decisiones, sentirnos bien con nosotros mismos o tener el tipo de vida que quisiéramos.

Y en esto y mucho más interviene nuestro cerebro. En términos sencillos, dentro del mismo tenemos una zona primitiva y otra zona racional.

El libro “La paradoja del chimpancé” del Dr. Steve Peters, psiquiatra que trabaja para deportistas de elite y profesor en la Universidad de Sheffield, resulta muy adecuado para profundizar en este aspecto.

La zona primitiva –que Peters llama “Chimpancé”- se ocupa de preservar la supervivencia y de crear la siguiente generación, como forma de mantener la especie. Buscar alimentos y marcar el territorio, son algunas de las funciones de las que se ocupa esta zona.

En esta área se dan respuestas de Si / No.  No existe término medio: puede llegar construir o destruir.

Esto explica por qué a veces podemos ser nuestros mejores amigos y también nuestros peores enemigos.

Por otro lado, nuestra parte racional –denominada “Humano” por el psiquiatra Peters- analiza lo que sucede, busca pruebas y hechos que ayuden a tomar decisiones donde no medie la emoción. Se trata de nuestro pensamiento racional y lógico, evitando en ocasiones realizar juicios / opiniones.

El doctor explica que tanto el cerebro chimpancé como el cerebro humano necesitan existir y complementarse. Si el primero nos mantiene vivos, el otro busca conseguir las cosas que quiere en contextos de vida con principios éticos y morales para vivir en paz y armonía.

Para comprobar la acción implacable del chimpancé y el conflicto que se genera sobre el humano pongo el ejemplo de un escritor que comentaba “Cada paso que creía acertado para publicitar mi novela, era cercenado por mis miedos con la misma rapidez con que los ideaba. Ahora sé que son elaboraciones mentales que mis emociones se encargaban de producir y que rebosaban miedo al ridículo. A este primer momento de temor y desconfianza le seguía la resignación y la vuelta a la casilla de inicio sin opción a volver a tirar los dados”.

Y es que el chimpancé emocional es cinco veces más fuerte que el humano, en palabras de Peters. De ahí que no podamos vencer al chimpancé, sino de que lo tratemos de “orientar, encaminar…”.

Hablando con mayor precisión, de gestionar esas emociones, tarea nada sencilla en ocasiones.

¿Qué pasos tendríamos que seguir para gestionar los conflictos mentales?

  • Identificar en cada situación que nos encontremos quién está al mando ¿el chimpancé o el humano? A veces ambos están de acuerdo y esto es señal de que sentimos y hacemos lo correcto desde la mente y la emoción.
  • Comprender el proceso del cerebro para recibir la información. Todo lo entrante pasa siempre en primer lugar por nuestro lado chimpancé. Éste decide si debemos preocuparnos o no. En caso de que surja un motivo de preocupación, será el chimpancé quien controle las propias decisiones sobre lo que está pasando.
  • No controlar el lado emocional, sino gestionarlo dándole lo que necesita. Se trata de que escuchemos y liberemos la emoción) y la opinión que tenemos sobre algo que nos ha sucedido.

Una vez que la emoción se ha expresado de forma adecuada es posible recuperar un ánimo equilibrado, momento donde el cerebro humano podrá razonar y afrontar las dificultades.

Lo verdaderamente clave del asunto, en palabras de Peters, es que al cerebro chimpancé no le dominamos, sólo lo gestionamos.

Por último, no nos podemos limitar a considerar de una sola manera estas dos áreas del cerebro. Tanto el humano como el chimpancé pueden ser constructivos o destructivos.

En el próximo post conoceremos más aspectos de este apasionante mundo del cerebro.

 

Vencer el miedo al fracaso

Imagen de Sasint
Imagen de Sasint

En nuestra sociedad está mal visto fallar, a pesar de que existen numerosas frases compasivas con el error como “errar es de humanos y rectificar es de sabios”, “experiencia es el nombre que le damos a nuestras equivocaciones”,…y muchas más.  Sin embargo, parece que la opinión general se resiste a perdonar los fracasos.

Esto provoca que algunas personas tengan ideas limitantes sobre su propia valía y autoestima, conduciéndolas a temer el fracaso.

Conocer más sobre el miedo el fracaso fue el tema del que hablamos dentro del programa enComunicación.

Parece que a veces no necesitamos enemigos. Nosotros mismos podemos ser muy crueles a la hora de juzgarnos o de poner frenos que limiten nuestros avances y sueños.

Como ejemplo, hace unos días leí una interesante reflexión de una persona que decía textualmente: “Sé que soy mi peor enemigo, que le doy mucha más importancia a los comentarios negativos que a los positivos. Mi poca autoestima hace crecer el miedo al ridículo y al qué dirán en mi cabeza.”

Vemos aquí cómo nosotros mismos, a través del miedo, paralizamos la toma de decisiones y afectamos nuestra creatividad de forma negativa.

Robert Kelsey en su libro “¿Qué te detiene?” comenta que millones de personas inteligentes en todo el mundo normalmente no desarrollan todo su potencial debido al miedo al fracaso. Nosotros mismos, al decirnos que no podemos, afectamos nuestra conducta y esto nos puede llevar al fracaso. Así, este diálogo interior negativo lo transformamos en certeza y nos encontramos en una profecía autocumplida.

El miedo a no ser capaz o a ser rechazado por los demás supone un fuerte freno al éxito o a la obtención de metas alcanzables y realistas.

En este sentido, Kelsey cita a  Atkinson, de la Universidad de Stanford,  quien realizó una investigación sobre “Motivación para el éxito”.

En esta ocasión se dieron tareas relacionadas con el logro a un grupo de niños. En la primera etapa se observó que tenían dos reacciones respecto a la forma de afrontarlas: unos esperaban el éxito y otros esperaban un fracaso. Atkinson consideró entonces que la acción de una persona estaba influida según tuviera un nivel innato bajo o alto de “motivación para el éxito”.

Durante el estudio se permitió que los mismos niños eligieran sus tareas. Se vio que los que tenían una motivación alta para triunfar elegían tareas con un nivel medio de exigencia, porque se centraban en las recompensas del éxito.

Sin embargo, los que tenían una motivación baja o sentían miedo a fracasar, se ponían nerviosos ante tareas de dificultad media y, en muchos casos, trataban de evitarlas por completo.

La conclusión de Atkinson fue que a las personas con fuerte motivación para conseguir sus objetivos no les preocupa en gran medida el fracaso. En cambio, las personas que sienten miedo a fallar temen la humillación y por eso evitan todo aquello que suponga un potencial de fracaso. Se conforman, diríamoslo así, con hacer tareas simples o afrontar algunas casi imposibles debido a que las consecuencias del fracaso serían valoradas por los demás con cierta benevolencia puesto que el éxito era muy improbable y, al menos, se les reconocería el mérito de haberlo intentado.

El fracaso siempre supone una experiencia positiva, a pesar de que resulte difícil aceptarlo así. Entender el fracaso desde una doble perspectiva ayudará a tener más recursos para aprender y superar esta circunstancia:

Si lo planteamos como una lección en el camino hacia nuestro objetivo, será así.

Si lo consideramos como una confirmación definitiva de nuestra personalidad o de que no podremos conseguirlo, encontraremos ese resultado.

La clave está en aceptar el fracaso como parte del viaje, sin temerlo. Levantarse, una vez más, para continuar adelante aprendiendo lo que la vida y nuestras actitudes nos enseñan.

En definitiva, el problema y la solución del miedo al fracaso están siempre en uno mismo, la persona.

Podemos cortarnos las alas sin atrevernos a salir nunca del nido o ser capaces de volar hacia grandes objetivos en nuestras vidas y sociedades.

 

¿Qué eliges tú?…

¿Cómo recuperar la autoestima?

Imagen de Catherine McMahon
Imagen de Catherine McMahon

La autoestima fue el tema de la semana en Coaching para ti. Ese aspecto de nuestra personalidad que alerta ante las circunstancias adversas y la acción desconsiderada de terceras personas en su intento de vulnerar nuestros límites y decisiones.

En el programa anterior de enComunicacion hablamos de la importancia de establecer límites. En estos últimos días he escuchado varios comentarios sobre situaciones difíciles que atraviesan algunas personas en el ámbito laboral.

En todos los casos detecté un denominador común:  la valoración que tenían de sí mismas estaba siendo afectada y seriamente deteriorada por terceras personas, con el consecuente desánimo y pérdida de la ilusión que tenían por esa actividad o trabajo, además de malestar emocional y físico.

Por eso, es importante recuperar la autoestima, entendida como el valor que cada persona se otorga a sí misma según sean los pensamientos, sentimientos y experiencias sobre ella misma.

Este valor está muy ligado a la imagen propia que tenemos de nosotros mismos y a la aceptación de nuestras virtudes y defectos.

La “cotización” de este valor no se mantiene continua en el tiempo, sino que a veces fluctúa al alza o a la baja por condicionantes externos que afectan a la persona alterando a veces el concepto que tiene de sí misma.

Es importante conocer tres aspectos importantes que influyen en la autoestima:

  • los pensamientos, tanto los que impulsan como los que frenan o “intoxican” nuestra mente. No es lo mismo que nos digamos a nosotros mismos “soy capaz de hacerlo” que decirnos “es imposible, esto no lo puedo hacer”.
  • los valores que la persona tiene sobre quién es, qué habilidades y recursos tiene. Se trata de reflexionar sobre nuestros puntos fuertes y débiles, así como el entorno donde estamos.
  • las experiencias pasadas y presentes que le han conducido a la situación actual. Analizar qué ha sucedido o sucede en ese aspecto de nuestra vida o en otros que han afectado negativamente nuestra autoestima. Esto es muy importante. Es posible que nos encontremos con situaciones repetidas en donde cambian algunos personajes, pero el tema de fondo es el mismo.

Si notamos que estamos bajos de autoestima, ¿qué podemos hacer para recuperarla?

  • Saber cómo hemos llegado a ser lo que somos. Supone evaluarnos de la forma más objetiva posible sin fustigarnos, pero tampoco caer en la benevolencia. Tener en cuenta lo que hemos hecho y lo que hemos dejado de hacer para llegar a donde estamos ahora.
  • Identificar qué está alterando nuestra estabilidad emocional.
  • Tener la disposición total y absoluta de cambiar lo que nos perjudica, a pesar del esfuerzo, el dolor y otras posibles consecuencias
  • Invertir la forma de pensar. Cambiar el modo de pensar negativo a otro más positivo
  • No hacer generalizaciones sobre las malas experiencias que hayamos podido vivir, sino buscar respuestas sobre lo que hayamos aprendido.
  • Hacer una lista de los éxitos que hemos conseguido en todos los aspectos de nuestra vida
  • Evitar las comparaciones con los demás. Cada uno tiene su propio camino y forma de llevar su vida. Nadie es inferior ni superior a los demás. Cada persona destaca en unas cosas más que en otras.
  • Aceptarnos como somos y con todo lo valioso que tenemos como personas.

Todo esto nos motivará, nos hará sentirnos satisfechos con nosotros mismos, a encontrar fuerzas para seguir adelante, a superar dificultades…en definitiva y una vez más, a ser responsables y protagonistas de nuestra vida.

Poner límites

Los límites y su incidencia en lo laboral fue el tema que comentamos en Coaching para ti del programa enComunicación.

Recientemente he asistido a encuentros profesionales donde se reflexionó sobre la forma de relacionarnos y comunicarnos, además de hacia dónde podría dirigirse la sociedad del siglo XXI.

Pude comprobar que somos conscientes de los importantes retos y desafíos que encontramos en distintos ámbitos. Por eso, las palabras “límites” y “valores” estuvieron presentes en estos debates.

Por ejemplo, quiero destacar algunos de los muchos titulares de noticias como “Las denuncias por acoso laboral se disparan el 60% en 2015”, “Cómo detectar el maltrato psicológico”…..que reflejan duras y complejas realidades actuales.

¿Esto es nuevo? ¿es producto de nuestra sociedad? o ¿ha existido siempre?

Pienso que quizá el efecto amplificador de los medios y las redes sociales permite visualizar mejor un problema que siempre ha estado presente en las relaciones humanas.

Actualmente las circunstancias externas parecen potenciarlo aún más a consecuencia de la crisis económica y el aumento del desempleo.

A veces las normales exigencias de conseguir objetivos, aumentar la competitividad y mejorar el desempeño profesional, se desvirtúan y acaban en actitudes y expresiones ofensivas y de acoso psicológico.

Si nos fijamos en los casos de acoso, la falta de asertividad, el miedo a los demás y a las consecuencias o el poco amor propio hacen perder la confianza y el entusiasmo en la persona lo que permite el avance agresivo del acosador.

En este escenario, el dominio del pesimismo y la negatividad se hace patente. La persona entrega el “poder” sobre su vida a otro que considera superior por su posición jerárquica o su rol.

Surge entonces la disyuntiva entre cómo reaccionar para defenderse de estas agresiones y mantener la autoestima o resignarse por temor a perder la estabilidad laboral y económica.

En mi opinión, el miedo y la baja autoestima subyacen como algunos de los muchos factores comunes que se observan en estas situaciones.

De ahí la importancia de, ante el primer signo de falta de respeto o actitud agresiva, poner límites firmes marcando claramente nuestros derechos y espacio propio, diciendo NO a personas y situaciones que vulneran la consideración personal y profesional.

¿Cómo hacerlo?

  • Llamando a las cosas por su nombre, dejando la hipocresía y medias verdades que podamos decirnos para autoconvencernos sobre los hechos y las consecuencias
  • Aceptar las emociones que sentimos
  • Actuar con serenidad
  • Comunicar de forma adecuada con autenticidad, coherencia y respeto, pero sobre todo con firmeza.
  • Mantener un tono de voz neutro y calmado
  • Asumir las posibles reacciones contrarias de los demás sin perder de vista nuestra posición

En definitiva, por difícil que parezca, se trata de superar la situación de “víctima” y convertirnos en “protagonistas” de nuestra vida y nuestras circunstancias.

 

 

Establecer prioridades

Imagen de Splitshire
Imagen de Splitshire

En el programa enComunicación hablamos sobre la importancia de establecer prioridades.

A veces notamos en nuestra vida un cúmulo de exigencias y presiones que nos agobian y confunden sobre cuál sería el rumbo a seguir. Esto nos lleva a perder de vista los objetivos para nuestro desarrollo personal y profesional.

El tiempo es un recurso escaso, aunque a veces pensemos que es algo infinito y digamos “bueno, ya lo haré después, tengo tiempo aún..” Pero esto no es así. Por eso tenemos que cuidar mucho cómo gestionamos diariamente nuestro tiempo.

En nuestra vida existen tareas ordinarias, como las actividades cotidianas necesarias (comer, dormir, asearnos,….) y otras actividades que podríamos llamar “extraordinarias”, que son las que nos encaminan a los objetivos que queremos conseguir.

La mayor parte de nuestro tiempo y esfuerzos deben emplearse en lo que es más importante para nuestros objetivos y propósitos.

Si no establecemos prioridades, nos agotaremos por querer atender muchos frentes. Esto producirá malestar y, más tarde o más temprano, frustración.

Se trata de evitar:

  • la dispersión de ideas y de involucración en actividades que no aportan valor
  • la pérdida de tiempo y de energía. Lo que conocemos como “ladrones del tiempo”. Por ejemplo, una tarea tan sencilla como revisar nuestro correo o whatsapp 1 ó 2 veces máximo por la mañana y 1 vez por la tarde.
  • la falta de atención hacía uno mismo. Cuando queremos arreglar la vida de los demás sin tener resuelta la nuestra.
  • la falta de asertividad y de ausencia de límites.

En el camino aparecerán situaciones urgentes que deberemos atender, bien porque no hayamos sabido planificar y organizar adecuadamente nuestro tiempo y tareas, o bien porque  formarán parte del contexto en continuo cambio que nos encontraremos.

De ahí la importancia de marcarnos una hoja de ruta, una agenda diaria de actividades a cumplir para conseguir nuestros objetivos. Además, será de gran ayuda también para saber cómo utilizamos el tiempo y aprender a optimizar este recurso.

Establecer prioridades supone

  • tener claro qué queremos conseguir,
  • centrarnos en lo importante
  • tener el coraje para decir “no”
  • establecer límites claros y definidos
  • ordenar las diferentes circunstancias en torno a ese objetivo,
  • planificar las acciones necesarias y
  • emplear la energía y todos nuestros recursos para conseguirlo.

En definitiva, organizarse y establecer prioridades implica ordenar nuestra vida en todas sus dimensiones para trabajar, descansar y disfrutar de nuestro tiempo.

 

Vivir la vida

Vivir la vida, este gran tesoro que todos tenemos. De esto hablé en Coaching para ti  dentro del programa enComunicación.

En la última sesión del año a punto de finalizar compartí con los oyentes una historia de vida.

“Una joven profesional con mucho éxito vivía muy entusiasmada con su actividad. Sabía que su trabajo le daba una gran proyección a la imagen de la empresa y también a ella misma. Su excelente labor era reconocida por todos….tanto es así que le daban cada vez más  responsabilidades que inicialmente no estaban previstas para su cargo.

Ella estaba feliz por lo que suponía su trabajo, mientras seguía recibiendo más y más responsabilidades. Su sueldo se mantenía casi igual y también el número de personas en su equipo.

Con todo esto, la vida de esta joven profesional estaba prácticamente ocupada por el trabajo.

Hasta que este esfuerzo desmedido con un estrés muy intenso le provocó fuertes dolores de cabeza. Su salud empeoró y un día acabó en el servicio de urgencias de un gran hospital.

Allí se encontró con episodios de dolor, situaciones muy difíciles de asimilar para una persona tan llena de vida como ella.

Esas imágenes tan fuertes la llevaron a preguntarse cómo había llegado a este punto sin tener apenas energía para levantarse.

En medio de tantas angustias y sufrimiento ajeno, tuvo la fortuna de encontrar una luz esperanzadora. La neuróloga que la trató, le habló con mucha calidez humana dándole esta receta: “Eres joven, con mucha vida por delante, no la malgastes así. VIVE plenamente tu vida”

El consejo de esa doctora es fácil de entender para todos nosotros ¿verdad?

Si esto es tan evidente, ¿por qué tantas personas -y no sólo la joven de nuestra historia- están tan perdidas en la vida y malgastan su tiempo y su salud?

El tiempo que nos toque vivir hay que disfrutarlo, de la mejor manera, independientemente de que las cosas nos salgan bien o mal. Siempre hay que animarse a vivir cada día en plenitud y encontrar un sano equilibrio entre nuestras obligaciones, nuestros afectos y aspiraciones.

En estos tiempos de finales e inicios del año reflexionamos sobre lo pasado y  planteamos muy buenos propósitos. Nos deseamos felicidad, salud, prosperidad, amor, ….!!todo lo mejor!!

Ahora bien, miremos en nuestro interior y pensemos ¿cuánto estamos dispuestos a poner de nuestra parte para hacer que esos deseos se conviertan en algo real? ¿Que esos propósitos se concreten y nos ayuden a vivir una vida plena?

Algún día llegará el final de nuestra vida.

¿Qué reflexión haremos sobre lo que ha sido nuestra vida?

Realmente la vida es un gran tesoro que dura poco tiempo y donde surgen todo tipo de opciones. La primera y esencial, que no podemos dejar de lado, es precisamente “VIVIR LA VIDA”….Este es el camino que espero que cada uno encuentre en su paso por este mundo.

¡!Feliz 2017 lleno de VIDA!!

 

El declive abre paso a un nuevo ciclo

Imagen de Jack Moreh
Imagen de Jack Moreh

Dentro de la sección Coaching para ti del programa enComunicación compartí con los oyentes mis reflexiones personales sobre los acontecimientos que estamos presenciando a nivel global desde hace un tiempo.

Vivimos inmersos en un proceso mundial de cambios: los avances de la tecnología y sus consecuencias en la vida diaria y en el empleo; la explosión del Big Data; la transformación digital; la falta de credibilidad de las instituciones públicas y políticas; la creciente desigualdad social; los ingentes beneficios de las multinacionales en contraste con los despidos masivos de trabajadores;  el avance de los populismos; el desprestigio generalizado de la educación y la cultura frente a la proliferación de lo banal y lo fácil….

Por todo esto creo que estamos en el momento adecuado para hacer un profundo análisis sobre cómo queremos que sea nuestra futura vida en sociedad,  en qué mundo queremos vivir, qué dejaremos a las generaciones que nos sigan…

El caos, la confusión, la desilusión y el hastío son síntomas de finales de ciclo. Y parece que éste es uno de ellos.

Precisamente, en estos momentos es donde más necesitamos pensar antes de reaccionar, analizar pros y contras de las consecuencias de nuestras acciones para evitar caer en situaciones que nos perjudicarán aún más a todos.

Los resultados del referéndum del Brexit, el No al proceso de paz en Colombia, las recientes elecciones en EEUU y más hechos que han sucedido … me llevan a pensar que muchas veces, más de las necesarias, nos movemos visceralmente.

En este contexto de polarización el declive se acentúa cada día más. Ante esto no conviene adormecernos y pensar que ya pasará o que otros lo arreglarán.

Somos responsables de lo que suceda, no podemos mirar a otro lado. Esa pasividad sólo contribuirá a dar paso a personas y/o corrientes de ideas que se adueñarán de la situación y la conducirán a su conveniencia. Algo podríamos hacer y, sin duda, ¡!tenemos que hacer!!

La Historia es una fuente inagotable de lecciones. Ahora más que nunca conviene que miremos y aprendamos del pasado, de lo que las generaciones anteriores ya sufrieron y vivieron.

Esto nos hará ser conscientes de nuestro protagonismo y responsabilidad, así como la necesidad de participar en el cambio para definir y construir el nuevo ciclo que viviremos en común.

Está claro que la Humanidad ha hecho grandes cambios y que somos capaces de superar situaciones completamente adversas. …Ahora la Historia nos pone a prueba y es nuestro momento para demostrarlo.

¿Cómo definimos nuestros objetivos?

pixabay
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Seguimos avanzando en la sexta temporada de enComunicación y en la sección de Coaching para ti hemos hablado de cómo definir los objetivos de manera muy concreta desde la perspectiva de coaching.

Lo primero que tenemos que distinguir es qué queremos conseguir a medio o largo plazo. Se trata del objetivo final.

Por otro lado, tendremos que considerar qué objetivos a corto plazo o escalones subiremos para llegar a la meta.

El compromiso con este tipo de objetivos es mucho más fácil puesto que son situaciones más próximas a nuestro control y responsabilidad.

Esto no siempre sucede con el objetivo final. A veces no depende sólo de nosotros mismos, por más que nos esforcemos, sino de otras personas y/o circunstancias que pueden influir en los resultados.

¿Cómo lo vamos a hacer?

Lo primero se trata de saber el objetivo que la persona desea lograr y preguntaremos “¿Qué quieres conseguir en esta sesión?” para enfocar desde el primer momento el objetivo a corto plazo.

Es normal escuchar respuestas como: “encontrar pautas para hablar en público”, “organizar el plan de trabajo”, “sentir tranquilidad”…

Parecería sencillo, pero en muchas ocasiones no es fácil definir los objetivos con claridad, de forma concreta y en plazos de cumplimiento. Será necesario acudir a la referencia del célebre acrónimo SMART para concretar los objetivos de manera específica, medible, alcanzable, realista y oportuna.

Para hacernos una idea concreta de este proceso comparto un ejemplo extraído del libro “Coaching” de John Whitmore.

Joe, un director de cuentas en una agencia de publicidad, tiene problemas  para adelgazar. Empezó a hacer ejercicio, pero se aburrió y buscó excusas. Poco tiempo después, tuvo lugar esta conversación de coaching:

Mike: Muy bien, Joe, ¿qué esperas de esta media hora?

Joe: Haberme fijado un plan para ponerme en forma

Mike: Vamos a pensar a largo plazo. ¿Por qué quieres ponerte en forma?

Joe: Me siento mal conmigo mismo y el trabajo se está resintiendo

Mike: De acuerdo, ¿qué cambio quieres lograr y en cuánto tiempo?

Joe: Me gustaría perder unos 7 kilos y en unos meses ser capaz no sólo de subir las escaleras y correr hacia el tren sin ahogarme, sino de disfrutar de salir a correr.

Mike: ¿Qué peso quieres alcanzar y para cuándo?

Joe: Quiero pesar 95 kilos a finales del verano. Eso supone adelgazar unos 7 kilos.

Mike: Podrías lograrlo dejando de comer, pero no estarías más en forma ¿Cómo mediremos la forma física?

Joe: Correré 32 kilómetros a la semana desde comienzos de septiembre

Mike: ¿A alguna velocidad concreta?

Joe: No, me basta con ser capaz de hacerlo. Sabré que lo estoy haciendo bien

Mike: Me da igual la velocidad que te marques, pero has de fijarte una.

Joe: De acuerdo, 6 minutos por kilómetro.

En este caso presentado por Whitmore, vemos cómo se ha delimitado un objetivo para la sesión –fijar un plan para ponerse en forma-, un objetivo a largo plazo –adelgazar 7 kilos– y un objetivo intermedio – correr 32 kilómetros a la semana a un promedio de 6 minutos por kilómetro-. Se trata de objetivos específicos, medibles, realistas y alcanzables, con plena responsabilidad sobre sus metas.

Esta es una situación muy concreta, por supuesto. En ocasiones, las situaciones están menos definidas y confusas porque se relacionan con el significado y el propósito de la vida.

En estos casos, tendremos que ir dando pasos con preguntas como:

“¿Cómo quieres que sea tu situación laboral en un año?”

“¿Cómo definirías de forma detallada esa situación que quieres conseguir en el trabajo?”

¡¿Qué es lo que te mueve a trabajar?”

“Si tu trabajo actual está muy lejos de lo que quisieras, ¿qué podrías hacer para cambiar la situación?”

Así habremos especificado nuestros objetivos de forma más clara y concreta para continuar con las siguientes fases del proceso de coaching.