¿Cómo superar la adversidad sin morir en el intento?

Imagen de Makunin
Imagen de Makunin

Algunas circunstancias, propias o ajenas, nos ponen en situaciones límite y abren dos caminos ante nosotros: “tirar la toalla” y fracasar o seguir adelante contra viento y marea y adaptarnos a ese cambio. De este último hablamos en la sección Coaching para ti del programa enComunicación.

El diccionario de la RAE define “resiliencia” como

  1. capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos.
  2. capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido

Expertos psicólogos y neurólogos aconsejan trabajar esta habilidad desde la infancia. Educar para la superación de adversidades y la frustración supone también convertirnos en personas con mayor fortaleza emocional.

Alejandro De Barbieri, psicólogo uruguayo y autor del libro “Educar sin culpa”, afirma que los padres intentan educar evitando la frustración de sus hijos. Les produce miedo decir No en contraposición a nuestros abuelos donde no existía el estado general de bienestar que tenemos hoy en día.

Barbieri cita a Fernando Savater cuando afirma que “Un papá que siempre dice que si a todo, (por la culpa), deja a su hijo vulnerable y frágil, porque la vida le va a decir que no muchas veces y debe poder hospedar ese dolor”.  Prescindir del aprendizaje que produce dolor, también suponer perder las vivencias de felicidad.

En línea similar está Giles Lipovestky. Este autor francés, al presentar su libro “De la ligereza”, comentaba los altos índices de depresión y estrés que estamos viviendo actualmente a causa de una educación blanda, ligera, en comparación a la educación recibida en las sociedades tradicionales y antiguas donde se preparaba para vivir un mundo difícil.

La capacidad de resiliencia supone considerar en primer lugar la defensa y protección. Después se trata de buscar el equilibrio que enfrenta a la tensión. Estos pasos nos llevarán al compromiso y al desafío; a la superación y actitud positiva de la persona; a la responsabilidad y creatividad para superar la adversidad.

¿Cómo podemos ser más resilientes?

  • Asumiendo el cambio como parte de la vida.
  • Aceptando con serenidad las circunstancias que no podemos cambiar
  • Siendo conscientes de nuestros puntos fuertes y nuestras debilidades.
  • Afrontando los problemas de frente y con decisión
  • Buscando ayuda de los demás, ya sean familiares, amistades u otras personas importantes de referencia
  • Confiando en nosotros mismos desde una perspectiva optimista. Esto ayudará a resolver los problemas que aparezcan
  • Planteándonos metas realistas y teniendo fuerza de voluntad para conseguirlas

En definitiva, a través de la resiliencia descubriremos el tesoro interno del coraje que desconocíamos tener hasta ese momento.

 

Lo que el cambio nos enseña

Imagen de Mathew Brodeur
Imagen de Mathew Brodeur

Los cambios forman parte sustancial de la vida. Algunos de ellos no los podemos esquivar ni controlar de forma total.

Se trata de asumir esta situación, por difícil que sea, y adaptarse.  Y a consecuencia de este paso y la travesía del propio proceso de cambio, encontrar lo positivo que existe en cada circunstancia que nos toca vivir.

La enseñanza del cambio, a mi modo de ver, sería como transitar por el mitológico “camino del héroe/heroína” donde nos encontraremos con toda clase de gigantes, peligros y amenazas, pero también con todo tipo de ayudas y oportunidades.

En el post anterior comentamos las etapas más difíciles del cambio: negación, frustración y depresión.

Ahora trataremos las últimas fases que nos llevan desde la adversidad a la búsqueda de oportunidades y nuevos caminos, con horizontes optimistas y positivos.

Comenzamos por la Exploración que se inicia cuando las personas, las organizaciones ya han reconocido y aceptado el cambio como tal.  En este nuevo escenario se buscan opciones mejores a las anteriores para vivir en la nueva etapa.

En esta transición el cambio se asume de manera positiva. Las personas y las organizaciones no están tanto en el foco interior de sí mismas, sino que comienzan a enfocarse en el entorno, en las novedades que se pueden presentar alrededor.

Las actitudes y comportamientos se centran en:

  • Buscar nuevas formas de actuar y pensar
  • Descubrir nuevas posibilidades
  • Resolver problemas.
  • Asumir riesgos y probar nuevas cosas.
  • Creatividad y abundancia de ideas.

Y por último, llegamos a la fase de Aceptación donde el cambio está instalado y superado plenamente. Aquí es donde empezamos a ser más optimistas y productivos tanto como personas como organizaciones. Se recupera la confianza y la sensación de logro y crecimiento.

Las actitudes y comportamientos característicos son:

  • Se adquieren nuevas habilidades
  • Se toma conciencia del proceso de cambio y del camino recorrido
  • El trabajo es más eficaz y eficiente.
  • Se alcanzan resultados que animan a continuar con el esfuerzo.

Este proceso que se explica linealmente, a veces no lo es tanto, debido a que en algunas fases nos asaltan bloqueos, dudas, temores tan intensos que nos llevan a desandar el camino y retroceder.  Lo importante es comprender cómo funciona el “juego”.

Algo similar a ciertos juegos infantiles, como el de la oca, donde a veces tenemos que esperar indefinidamente hasta poder avanzar, otras veces vamos hacia atrás y en otras tomamos impulso y recorremos con facilidad todos los pasos hasta llegar a destino.

Esto, por difícil que resulte asumirlo, está bien. Todas esas circunstancias son enriquecedoras, nos fortalecen y ayudan a vencer los obstáculos, a explorar nuevos horizontes que nos harán crecer como personas o como organizaciones.

 

Imagen de Kanbgch
Imagen de Kanbgch

Es la travesía que debemos aceptar para vivir la vida en plenitud…

Estoy convencida que esta es la gran enseñanza. Al menos para mí y para quienes fueron mis maestros y me transmitieron sus experiencias en este camino del coaching.

 

 

 

Cuando llega el huracán del cambio

Imagen NASA
Imagen NASA

La vida no es siempre estática ni tranquila. A lo largo de nuestra existencia, viviremos épocas de estabilidad y atravesaremos otras donde las condiciones exteriores serán muy adversas, con símiles meteorológicos de lluvia, viento…y hasta huracanes y tsunamis.

Estos vaivenes o “turbulencias” las sufriremos no sólo como personas, también como colectivos, en las organizaciones e incluso en los países…

Momentos de gran confusión e incertidumbre. Algunos serán cambios inesperados, otros previsibles, pero no deseados, (rupturas, enfermedad, fallecimientos, despidos, fusiones, quiebra….).

Llega el “huracán” del cambio y se lleva parte de lo que ha sido nuestra vida hasta el momento. Nos desaloja sin piedad ni contemplaciones de nuestra llamada zona de confort.

 

¿Cómo entender y asumir un cambio de estas características?

Primero, comprendiendo cómo funciona el proceso que tenemos por delante.

Es decir, racionalizando, dentro de lo que se pueda en esos momentos de fuerte intensidad emocional, cómo va a ser el camino que tendremos por delante para saber vivir las emociones que aparecerán en cada una de esas etapas.

Después prepararnos para saber cómo actuar y aceptar cada situación que sobrevendrá, superándola todo lo mejor que sea posible.

Imagen de Alexas Fotos
Imagen de Alexas Fotos

Por ello quiero compartir con los oyentes el modelo de las cinco etapas del duelo  desarrollado por la psiquiatra Elisabeth Kubler-Ross, que luego fue adaptado también al ámbito de las organizaciones por Dennis Jaffe y Cinthia Scott para tratar la gestión del cambio.

Estas etapas son: Negación, Frustración, Depresión, Exploración y Aceptación

En esta ocasión hablaré de las tres primeras, las más difíciles de enfrentar, sin duda.

Empezaremos por la Negación que supone una estrategia de defensa frente al cambio. Se piensa que ignorar el cambio lo hará desaparecer. Miramos hacia otro lado, hacia el pasado y el recuerdo de un tiempo mejor. Se culpa de la situación a otros, a las circunstancias, al destino. Y se busca la rutina como una forma de agarrarse a algo “seguro”.

Tenemos que aceptar este primer golpe del cambio y entenderlo como tal, con todo el cúmulo de emociones de tristeza, apatía, rabia y miedo que nos provoque. Vivirlo y aceptarlo así como es, con toda la dificultad que trae, para poder pasar a la siguiente fase.

Entramos en la Frustración cuando ya hemos reconocido que el cambio ha entrado en nuestras vidas, en la organización. Asumimos una actitud agresiva y defensiva ante el miedo al futuro. Nos invade una sensación de pérdida de poder, relaciones, estabilidad.

La negatividad y las quejas son constantes, apareciendo el victimismo y la resistencia al cambio en forma de apatía, unas veces, y de agresividad e ironía, otras.

Es importante entender esta etapa y estas emociones como el límite que marcamos de nuestra posición para no “perder” más. Pero cuando el malestar y el desgaste son grandes, hay que desprenderse de ellas, “soltarlas” de la manera más adecuada posible, antes que esas emociones nos dañen.

A veces, de la frustración –si no la sabemos afrontar bien- podemos pasar a la Depresión, a tocar fondo, al bloqueo y a la parálisis emocional. Se necesitarán grandes dosis de fortaleza interior e, incluso, de ayuda exterior para superar esta fase.

No podemos quedarnos mucho tiempo en la frustración ni en la depresión. Es lo peor que puede suceder por las consecuencias físicas y emocionales tan serias que conllevan ambas etapas, las más difíciles de todo este proceso.

Pero esto no termina aquí, con esta “fotografía” de una catástrofe, donde quedan las imágenes de lo que se llevó el huracán del cambio….

¿La buena noticia?

Atravesaremos otras etapas que nos llevarán a encontrar nuevas opciones y mejores alternativas y formas de ver y vivir.

En definitiva, a pasar de la adversidad a la oportunidad.

Éste será el tema del próximo post

 

 

El declive abre paso a un nuevo ciclo

Imagen de Jack Moreh
Imagen de Jack Moreh

Dentro de la sección Coaching para ti del programa enComunicación compartí con los oyentes mis reflexiones personales sobre los acontecimientos que estamos presenciando a nivel global desde hace un tiempo.

Vivimos inmersos en un proceso mundial de cambios: los avances de la tecnología y sus consecuencias en la vida diaria y en el empleo; la explosión del Big Data; la transformación digital; la falta de credibilidad de las instituciones públicas y políticas; la creciente desigualdad social; los ingentes beneficios de las multinacionales en contraste con los despidos masivos de trabajadores;  el avance de los populismos; el desprestigio generalizado de la educación y la cultura frente a la proliferación de lo banal y lo fácil….

Por todo esto creo que estamos en el momento adecuado para hacer un profundo análisis sobre cómo queremos que sea nuestra futura vida en sociedad,  en qué mundo queremos vivir, qué dejaremos a las generaciones que nos sigan…

El caos, la confusión, la desilusión y el hastío son síntomas de finales de ciclo. Y parece que éste es uno de ellos.

Precisamente, en estos momentos es donde más necesitamos pensar antes de reaccionar, analizar pros y contras de las consecuencias de nuestras acciones para evitar caer en situaciones que nos perjudicarán aún más a todos.

Los resultados del referéndum del Brexit, el No al proceso de paz en Colombia, las recientes elecciones en EEUU y más hechos que han sucedido … me llevan a pensar que muchas veces, más de las necesarias, nos movemos visceralmente.

En este contexto de polarización el declive se acentúa cada día más. Ante esto no conviene adormecernos y pensar que ya pasará o que otros lo arreglarán.

Somos responsables de lo que suceda, no podemos mirar a otro lado. Esa pasividad sólo contribuirá a dar paso a personas y/o corrientes de ideas que se adueñarán de la situación y la conducirán a su conveniencia. Algo podríamos hacer y, sin duda, ¡!tenemos que hacer!!

La Historia es una fuente inagotable de lecciones. Ahora más que nunca conviene que miremos y aprendamos del pasado, de lo que las generaciones anteriores ya sufrieron y vivieron.

Esto nos hará ser conscientes de nuestro protagonismo y responsabilidad, así como la necesidad de participar en el cambio para definir y construir el nuevo ciclo que viviremos en común.

Está claro que la Humanidad ha hecho grandes cambios y que somos capaces de superar situaciones completamente adversas. …Ahora la Historia nos pone a prueba y es nuestro momento para demostrarlo.

Si yo cambio…, mi mundo cambia

Imagen de Wil Stewart
Imagen de Wil Stewart

Leo las noticias y algunos acontecimientos globales como la amenaza de los populismos, las crecientes desigualdades sociales y la generalización de la corrupción a distintos niveles, entre muchos otros aspectos negativos, que parecen teñir la realidad del día a día.

¿Será que estamos en un mundo insensible, que no tiene lugar para el buen hacer, para los valores éticos y morales?

En este contexto de crispación global ¿es posible que cada uno de nosotros pueda desarrollarse personal y profesionalmente de forma satisfactoria? ¿es posible alcanzar nuestros objetivos y vivir con felicidad ?

Yo creo que sí.

De esto precisamente hablamos en la sección habitual de Coaching para ti dentro del programa enComunicación.

Aunque no tenemos capacidad de influir en las decisiones mundiales, en nuestra realidad más cercana, en las acciones cotidianas tenemos herramientas para cambiar.

Y nada mejor que empezar por uno mismo, ¿verdad?. Este es el objetivo del coaching.

En este sentido quiero destacar lo que decía Tolstoi sobre que todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo. Curioso, pero cierto por los hechos que tenemos a nuestro alrededor.

Y en este escenario ¿cómo podemos cambiar y trabajar?

En primer lugar, actuando con responsabilidad y compromiso personal.

También es importante recuperar los valores, asumirlos como propios y aplicarlos en nuestras acciones del día a día.

Personalmente, tomo como guía la frase  “Si yo cambio, mi mundo cambia”, me centro en lo que está más a mi alcance.

Imagen de Mario Trunz
Imagen de Mario Trunz

Soy consciente de que puedo cambiar e influir en lo que tengo a mi lado más cercano y acepto también que no puedo cambiar a los demás ni las situaciones que tengo que vivir.

Sé que tengo el poder y la responsabilidad de cambiarme sólo a mí misma y tal vez algunas de mis propias circunstancias

Si bien parece un horizonte limitado, sin duda estaré diseñando un espacio de convivencia pleno de armonía basado en valores que me harán sentir bien. Permitirá que quienes me rodean, disfruten de los aspectos positivos que puedo ofrecerles.

Con toda seguridad es lo que puedo hacer…más allá de mí ¿quién sabe?

El  cambio es la constante.