Vivencias de mentoring y coaching en Chile

Imágenes del Centro de Innovación UC Anacleto Angelini y del área de Emprendedores de la Fundación para el Conocimiento Madri+d

Recientemente se celebró en Santiago de Chile la Certificación Business Mentor gestionada por la Fundación para el Conocimiento Madri+d para miembros de la red de mentores del Centro de Innovación UC Anacleto Angelini, perteneciente a la Pontificia Universidad Católica de Chile.

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Durante las diferentes sesiones del curso trabajamos y entrenamos habilidades comunes de coaching y mentoring como la empatía, la escucha activa y el manejo del silencio; el lenguaje corporal y, especialmente, las preguntas poderosas. Esas que penetran las barreras de nuestra mente e invitan a una profunda reflexión.

Vimos diferentes formas de interpretar la realidad y las opciones que aparecen desde una perspectiva analizada externamente, para lograr establecer un compromiso y un plan de acción en la dimensión espacio-temporal.

Analizamos también los diferentes estilos de liderazgo y actitudes a desarrollar para gestionar equipos, la importancia de la comunicación interpersonal y el conocimiento de nosotros mismos al igual que de nuestros colaboradores y mentorizados. Esto último resulta fundamental para asignar talentos y roles que permitan incrementar la productividad y generar estados emocionales propicios para el alto rendimiento del equipo.

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Diferencias entre mentoring y coaching

Fuera de este ámbito especializado, para gran parte del público no son tan claras las diferencias entre mentoring y coaching.

Como sabemos, ambas técnicas favorecen el desarrollo personal y profesional para conseguir objetivos de la persona a través de un compromiso de sí misma y el diseño de un plan de acción, asumiendo la responsabilidad de su cumplimiento.

Lo que varía en ambos procesos, entre otros aspectos, es la experiencia profesional y el tipo de intervención.

De forma muy general, en el proceso de mentoring es necesario que quien lo conduce tenga amplia experiencia sobre el área empresarial específica para aconsejar a la persona que solicita su apoyo. Su papel será el de referente, guía que recomiende cómo dar los pasos necesarios en aspectos como liderazgo, gestión de personas, labores comerciales, operaciones financieras, entre otros.

En el coaching, el profesional interviene desde la perspectiva de escuchar, analizar la situación presentada por el cliente y plantearle preguntas clave que lo inviten a la reflexión. De esta manera, será la propia persona quien descubrirá sus recursos internos y encontrará las respuestas más adecuadas para abordar, desde diferentes perspectivas, el objetivo a conseguir.  En este proceso no se necesita disponer de experiencia y conocimientos empresariales en una determinada área, como sí ocurre en el caso del mentoring.

Habilidades de coaching aplicadas al mentoring

Ambos procesos ponen el foco en la persona y en la relación que se establece para el crecimiento deseado. Por tanto, existen habilidades de coaching que pueden ser aplicadas al mentoring para conseguir resultados mucho más eficaces con nuestros mentorizados:

  • Generar confianza y confidencialidad
  • Estar en escucha activa
  • Plantear preguntas poderosas
  • Ofrecer feedback constructivo y positivo
  • Motivar a un compromiso con el diseño y realización de un plan de acción  
  • Llevar a cabo el seguimiento periódico de resultados

Vivencias compartidas

La labor que hacemos como mentores resulta muy gratificante al comprobar el crecimiento personal y profesional de nuestros mentorizados desde que se inicia el proceso hasta que finaliza.

Esto lo pudimos comprobar personalmente con los testimonios de dos emprendedores apoyados por dos personas del grupo, a quienes mostraron públicamente su agradecimiento por el aprendizaje y las experiencias que les resultaron tan valiosas durante el proceso de mentoring.

Sin ser las únicas, éstas fueron algunas de las entrañables vivencias compartidas durante el intenso curso. Desde este post quiero dedicar todo mi agradecimiento a mis colegas de mentoring en Santiago de Chile, personas de una gran calidad humana y profesional.

Imágenes del Centro de Innovación UC Anacleto Angelini y del área de Emprendedores de la Fundación para el Conocimiento Madri+d

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Superar el miedo al fracaso

Imagen de Unsplash

En la pasada Píldora de inspiración hablamos sobre el fracaso como la frustración por no alcanzar un objetivo o no lograr un desempeño acorde con determinadas expectativas. La percepción del fracaso está condicionada por diferentes estándares, valores o sistemas de pensamientos por los que nos guiamos. Por eso, un fracaso para una persona puede ser una gran experiencia de aprendizaje para otra.

En nuestra sociedad estamos acostumbrados a hablar sobre “casos de éxito” o “personas de éxito”. Pero esto ¿siempre es así?

Nos molesta hablar de fracasos y mucho más aún de miedo al fracaso. Sin embargo, ocultar algo que no nos gusta no ayuda a resolverlo. Es bueno ponerlo encima de la mesa para analizarlo y encontrar las claves para su superación.

Primero tenemos que conocer las posibles causas del miedo al fracaso:

  • La excesiva crítica o falta de comprensión por parte de los padres durante la infancia puede acarrear estos sentimientos negativos a la etapa adulta
  • La experiencia de algún momento traumático en nuestra vida puede hacer que este miedo se mantenga durante años
  • También una baja autoestima por compararnos con los demás, preocuparnos excesivamente, enfocarnos en lo negativo o ceder a los deseos de los otros pueden ser motivos de este tipo de miedo

Ahora bien, tan importante como saber las posibles causas es poder identificar las señales que marcan ese miedo para gestionarlo de forma adecuada.

¿Cómo lo identificamos?

  • Reticencia a probar nuevas formas de hacer las cosas o afrontar proyectos desafiantes
  • Auto sabotaje y excesiva ansiedad
  • Diálogo interior con pensamientos negativos sobre sí mismo
  • Exceso de perfeccionismo

En todo lo que hacemos existe siempre una probabilidad de fallo. Afrontarlo y aceptarlo como tal no es sólo una prueba de coraje, sino también es toda una actitud positiva que nos permite una vida más plena y gratificante.

¿Qué podemos hacer para gestionar el miedo al fracaso y minimizar sus efectos?

  • Analizar los posibles escenarios, incluso el peor, y los resultados que podríamos tener en cada uno de ellos
  • Pensar en positivo para aumentar la autoestima y vencer el auto sabotaje
  • Tener un plan “B” para ganar confianza y anticiparnos al miedo ante la incertidumbre
  • Establecer metas pequeñas y alcanzables que impulsen a la acción y a elevar también la confianza en uno mismo.
  • Visualizar cómo nos sentiríamos, qué pensaríamos habiendo vencido ese miedo

John Caunt -en su libro “Eleve su autoestima”- propone algunas técnicas para fortalecer nuestra mente y nuestra actitud hacia el fracaso, entre las que destacan:

  • Reconocer y hacer un listado de nuestras cualidades positivas
  • Relacionarnos con personas positivas
  • Aceptar lo que no podemos cambiar
  • Dejar de compararnos con los demás
  • Saber decir “no”

Todos hemos tropezado y tropezaremos a lo largo de nuestra vida. Hemos tomado y seguiremos tomando decisiones equivocadas. Pero eso no significa que debemos pararnos… Es muy importante pensar en todas las oportunidades que perderíamos si permitimos que los fracasos y las caídas nos detengan.

No somos víctimas de las circunstancias, sino responsables de nuestras decisiones y acciones. Tenemos la libertad de elegir cómo pensar y qué actitud tomar.

Podemos elegir ver el fracaso como el fin del mundo o, por el contrario, elegir ver el fracaso como una experiencia de aprendizaje, como una lección muy importante para nuestro crecimiento y para evitar caer en el mismo error de nuevo.

¡!El fracaso sólo nos detiene si lo permitimos!!

Balance vital del año

Imagen de Pixabay
Imagen de Pixabay

Estamos a punto de cerrar 2018 y en la sección Píldoras de Inspiración del programa enComunicación hablamos de cómo hacer el Balance vital del año.

En esta época es muy normal hacer un repaso de lo que hemos vivido. Las personas que nos han acompañado y las que se han marchado, los pasos que hemos dado en nuestro crecimiento personal y profesional, los sueños que se han cumplido, …y también lo que no hemos podido lograr y las lecciones que hemos aprendido de nuestros propios errores.

Como si se tratara de un Balance financiero, abrimos las cuentas del Activo y del Pasivo de lo que ha sido nuestra vida en este año para responder a preguntas esenciales y colocar nuestras respuestas en uno u otro lado. Así, sabremos de manera muy gráfica qué energía nos impulsa hacia adelante y qué opciones tenemos que superar.

Propongo realizar este balance vital en cuatro niveles de profundidad.

En el plano material y físico:

  • ¿Cómo es nuestra salud? ¿Cómo la cuidamos? ¿De qué manera nos nutrimos y vivimos una vida sana?
  • ¿Cómo está nuestra casa? ¿Vivimos en una situación cómoda? ¿Cómo mantenemos nuestro espacio vital en ella?
  • ¿Cómo están nuestras finanzas? ¿Qué situación económica tenemos? ¿Cómo administramos nuestras entradas y salidas de dinero?
  • ¿Y nuestro trabajo? ¿Es todo lo agradable que nos gustaría o podríamos cambiar a algo mejor? En el caso de no tenerlo, ¿Cómo podemos acceder a un empleo o crear el nuestro propio?

Pasamos de lo tangible a lo intangible ahora con el plano emocional:

  • ¿Cómo están nuestras relaciones?
  • ¿En qué entorno familiar vivimos ¿Cómo nos sentimos con nuestros padres, parejas, hijos, hermanos…?
  • ¿Cómo son nuestras amistades? ¿podemos contar con ellas en momentos que necesitamos escucha y apoyo?
  • ¿Cómo es nuestra relación con los colegas de trabajo?

En el plano mental:

  • ¿Qué hemos aprendido o qué necesitamos aprender para estar al día en nuestra profesión o en nuestras aficiones?
  • ¿Nos hemos “reciclado” en aprendizajes técnicos?
  • ¿Hemos viajado a algún país distinto al nuestro? ¿qué hemos vivido y aprendido allí en comparación objetiva con nuestro entorno geográfico habitual?

Por último, en el plano espiritual o más trascendente:

  • ¿Hemos sido altruistas con los demás? ¿Hemos colaborado como voluntarios con alguna iniciativa solidaria?
  • ¿Hemos ayudado a personas cercanas o no tan cercanas a la hora de escuchar sus problemas o de animarlas u orientarlas en algún aspecto práctico?
  • ¿En qué medida hemos vivido experiencias trascendentes o de desarrollo personal en el año?
  • ¿Nos hemos conectado con nosotros mismos a través de la meditación, de la contemplación de la Naturaleza o de alguna actividad creativa?

Con esta “auditoría interna” podremos evaluar aciertos y frustraciones que hemos tenido en las diferentes áreas de nuestra vida. Nuestro objetivo es disfrutar de una vida plena y feliz. Y, para alcanzar la felicidad, primero tenemos que identificar los obstáculos que se interponen en el camino, solucionarlos en la medida que sea posible y centrarnos en los aspectos positivos para vivirlos en plenitud, potenciando nuestro optimismo y autoestima.