Si perdemos la esperanza, lo perdemos todo

Imagen UNICEF USA

Píldoras de inspiración finaliza la octava temporada de enComunicación con la historia de una joven fuerte y con coraje que no sólo salió adelante en su precaria situación personal, sino que, con su perseverancia, también quiere lograr que todos los niños y niñas tengan acceso a la educación, incluso en las peores circunstancias.

Ella es Muzoon Almellahan, refugiada siria en Newcastle. Tiene 20 años y es la embajadora más joven de Buena Voluntad de UNICEF. Además, es muy buena amiga de Malala Yousafai, Premio Nobel de la Paz en 2014.

Muzoon iba a la escuela en su ciudad natal de Siria hasta que en 2013 las condiciones se pusieron cada vez más peligrosas por el recrudecimiento de la guerra. Las bombas eran continuas y pensaba que en cualquier momento podían morir.

Al año siguiente la familia de Muzoon no tuvo más remedio que recoger algunas escasas pertenencias y huir a los campos de refugiados en Jordania.

El padre les dijo que llevaran en la maleta sólo lo más importante.

Y ¿qué hizo entonces nuestra protagonista?

¡Eligió llevar los libros de la escuela!

Para ella eran su tesoro más valioso…

En las míseras condiciones de vida en los campos de refugiados, su obsesión era ir a la escuela y seguir aprendiendo. Su máxima ha sido siempre que “la educación es clave para tener la vida que deseas y convertirte en quien tú quieres. Si no, puedes perderte a ti misma”, dice constantemente en las charlas TED y numerosas entrevistas que ha realizado.

No sólo insistía en ir ella a la escuela, sino que iba tienda por tienda animando a que los demás niños y niñas fueran también. Algunos le hacían caso, otros no…la desmotivación era muy grande.

Precisamente en uno de esos campos jordanos conoció a Malala. Ambas jóvenes son incansables luchadoras por los derechos de la educación infantil, especialmente en el caso de las niñas.

Cabe destacar también que en los campos de refugiados se producen muchos casos de matrimonios tempranos de niñas con 12 y 13 años….y tienen que dejar la escuela. Según las familias, es la mejor forma de protegerlas de la pobreza y la violencia.

Muzoon piensa que, si las niñas no estudian, nada ni nadie puede protegerlas.

Según datos de UNICEF, las niñas afectadas por conflictos son 2,5 veces más propensas a quedar fuera de la escuela que los niños.

Se estima que hay 25 millones niños de primaria y secundaria sin escolarizar en zonas en conflicto. De los niños refugiados, sólo la mitad están inscritos en la escuela primaria y menos de un cuarto están matriculados en la escuela secundaria.

Muzoon, al igual que Malala, sabe lo que es empezar una vida de cero, huir del más crudo horror y dedicar su vida a una causa tan noble como es la educación infantil para todos los niños del mundo.

Segura de sí misma, con una voz potente y llena de valores humanos no sólo para el presente, sino para el futuro mejor de su país y del mundo a través de la infancia y la educación, así es esta joven refugiada siria.

Malala y Muzoon son dos jóvenes llenas de ideales, de optimismo y, a la vez, dotadas de una gran fuerza de voluntad, iniciativa y coraje.

Sus historias de vida son una luz en medio de la tristeza de un mundo que se debate entre las atrocidades de las guerras y el egoísmo de los que sólo miran su propio y exclusivo beneficio personal…

Estamos, sin duda alguna, ante jóvenes líderes referentes, capaces de vencer la indiferencia social y decididas a protagonizar grandes cambios que marcarán para bien la vida de millones de niños y niñas.

Para acabar y mantener alta la inspiración que ha guiado esta sección, comparto estas palabras de Muzoon ….

“Si perdemos la esperanza, lo perdemos todo”

Imagen cabecera: UNICEF USA

Gestionar los conflictos mentales

Imagen de Geralt
Imagen de Geralt

Todos en algunas ocasiones sentimos un intenso malestar por conflictos interiores que nos impiden tomar decisiones, sentirnos bien con nosotros mismos o tener el tipo de vida que quisiéramos.

Y en esto y mucho más interviene nuestro cerebro. En términos sencillos, dentro del mismo tenemos una zona primitiva y otra zona racional.

El libro “La paradoja del chimpancé” del Dr. Steve Peters, psiquiatra que trabaja para deportistas de elite y profesor en la Universidad de Sheffield, resulta muy adecuado para profundizar en este aspecto.

La zona primitiva –que Peters llama “Chimpancé”- se ocupa de preservar la supervivencia y de crear la siguiente generación, como forma de mantener la especie. Buscar alimentos y marcar el territorio, son algunas de las funciones de las que se ocupa esta zona.

En esta área se dan respuestas de Si / No.  No existe término medio: puede llegar construir o destruir.

Esto explica por qué a veces podemos ser nuestros mejores amigos y también nuestros peores enemigos.

Por otro lado, nuestra parte racional –denominada “Humano” por el psiquiatra Peters- analiza lo que sucede, busca pruebas y hechos que ayuden a tomar decisiones donde no medie la emoción. Se trata de nuestro pensamiento racional y lógico, evitando en ocasiones realizar juicios / opiniones.

El doctor explica que tanto el cerebro chimpancé como el cerebro humano necesitan existir y complementarse. Si el primero nos mantiene vivos, el otro busca conseguir las cosas que quiere en contextos de vida con principios éticos y morales para vivir en paz y armonía.

Para comprobar la acción implacable del chimpancé y el conflicto que se genera sobre el humano pongo el ejemplo de un escritor que comentaba “Cada paso que creía acertado para publicitar mi novela, era cercenado por mis miedos con la misma rapidez con que los ideaba. Ahora sé que son elaboraciones mentales que mis emociones se encargaban de producir y que rebosaban miedo al ridículo. A este primer momento de temor y desconfianza le seguía la resignación y la vuelta a la casilla de inicio sin opción a volver a tirar los dados”.

Y es que el chimpancé emocional es cinco veces más fuerte que el humano, en palabras de Peters. De ahí que no podamos vencer al chimpancé, sino de que lo tratemos de “orientar, encaminar…”.

Hablando con mayor precisión, de gestionar esas emociones, tarea nada sencilla en ocasiones.

¿Qué pasos tendríamos que seguir para gestionar los conflictos mentales?

  • Identificar en cada situación que nos encontremos quién está al mando ¿el chimpancé o el humano? A veces ambos están de acuerdo y esto es señal de que sentimos y hacemos lo correcto desde la mente y la emoción.
  • Comprender el proceso del cerebro para recibir la información. Todo lo entrante pasa siempre en primer lugar por nuestro lado chimpancé. Éste decide si debemos preocuparnos o no. En caso de que surja un motivo de preocupación, será el chimpancé quien controle las propias decisiones sobre lo que está pasando.
  • No controlar el lado emocional, sino gestionarlo dándole lo que necesita. Se trata de que escuchemos y liberemos la emoción) y la opinión que tenemos sobre algo que nos ha sucedido.

Una vez que la emoción se ha expresado de forma adecuada es posible recuperar un ánimo equilibrado, momento donde el cerebro humano podrá razonar y afrontar las dificultades.

Lo verdaderamente clave del asunto, en palabras de Peters, es que al cerebro chimpancé no le dominamos, sólo lo gestionamos.

Por último, no nos podemos limitar a considerar de una sola manera estas dos áreas del cerebro. Tanto el humano como el chimpancé pueden ser constructivos o destructivos.

En el próximo post conoceremos más aspectos de este apasionante mundo del cerebro.

 

Vencer el miedo al fracaso

Imagen de Sasint
Imagen de Sasint

En nuestra sociedad está mal visto fallar, a pesar de que existen numerosas frases compasivas con el error como “errar es de humanos y rectificar es de sabios”, “experiencia es el nombre que le damos a nuestras equivocaciones”,…y muchas más.  Sin embargo, parece que la opinión general se resiste a perdonar los fracasos.

Esto provoca que algunas personas tengan ideas limitantes sobre su propia valía y autoestima, conduciéndolas a temer el fracaso.

Conocer más sobre el miedo el fracaso fue el tema del que hablamos dentro del programa enComunicación.

Parece que a veces no necesitamos enemigos. Nosotros mismos podemos ser muy crueles a la hora de juzgarnos o de poner frenos que limiten nuestros avances y sueños.

Como ejemplo, hace unos días leí una interesante reflexión de una persona que decía textualmente: “Sé que soy mi peor enemigo, que le doy mucha más importancia a los comentarios negativos que a los positivos. Mi poca autoestima hace crecer el miedo al ridículo y al qué dirán en mi cabeza.”

Vemos aquí cómo nosotros mismos, a través del miedo, paralizamos la toma de decisiones y afectamos nuestra creatividad de forma negativa.

Robert Kelsey en su libro “¿Qué te detiene?” comenta que millones de personas inteligentes en todo el mundo normalmente no desarrollan todo su potencial debido al miedo al fracaso. Nosotros mismos, al decirnos que no podemos, afectamos nuestra conducta y esto nos puede llevar al fracaso. Así, este diálogo interior negativo lo transformamos en certeza y nos encontramos en una profecía autocumplida.

El miedo a no ser capaz o a ser rechazado por los demás supone un fuerte freno al éxito o a la obtención de metas alcanzables y realistas.

En este sentido, Kelsey cita a  Atkinson, de la Universidad de Stanford,  quien realizó una investigación sobre “Motivación para el éxito”.

En esta ocasión se dieron tareas relacionadas con el logro a un grupo de niños. En la primera etapa se observó que tenían dos reacciones respecto a la forma de afrontarlas: unos esperaban el éxito y otros esperaban un fracaso. Atkinson consideró entonces que la acción de una persona estaba influida según tuviera un nivel innato bajo o alto de «motivación para el éxito».

Durante el estudio se permitió que los mismos niños eligieran sus tareas. Se vio que los que tenían una motivación alta para triunfar elegían tareas con un nivel medio de exigencia, porque se centraban en las recompensas del éxito.

Sin embargo, los que tenían una motivación baja o sentían miedo a fracasar, se ponían nerviosos ante tareas de dificultad media y, en muchos casos, trataban de evitarlas por completo.

La conclusión de Atkinson fue que a las personas con fuerte motivación para conseguir sus objetivos no les preocupa en gran medida el fracaso. En cambio, las personas que sienten miedo a fallar temen la humillación y por eso evitan todo aquello que suponga un potencial de fracaso. Se conforman, diríamoslo así, con hacer tareas simples o afrontar algunas casi imposibles debido a que las consecuencias del fracaso serían valoradas por los demás con cierta benevolencia puesto que el éxito era muy improbable y, al menos, se les reconocería el mérito de haberlo intentado.

El fracaso siempre supone una experiencia positiva, a pesar de que resulte difícil aceptarlo así. Entender el fracaso desde una doble perspectiva ayudará a tener más recursos para aprender y superar esta circunstancia:

Si lo planteamos como una lección en el camino hacia nuestro objetivo, será así.

Si lo consideramos como una confirmación definitiva de nuestra personalidad o de que no podremos conseguirlo, encontraremos ese resultado.

La clave está en aceptar el fracaso como parte del viaje, sin temerlo. Levantarse, una vez más, para continuar adelante aprendiendo lo que la vida y nuestras actitudes nos enseñan.

En definitiva, el problema y la solución del miedo al fracaso están siempre en uno mismo, la persona.

Podemos cortarnos las alas sin atrevernos a salir nunca del nido o ser capaces de volar hacia grandes objetivos en nuestras vidas y sociedades.

 

¿Qué eliges tú?…

XIV Congreso Internacional de Protocolo. Tegucigalpa. Honduras.

Los pasados 15 al 17 de Octubre se ha celebrado en Tegucigalpa (Honduras) el XIV Congreso Internacional de Protocolo y Ceremonial.

Aquí os dejo un avance multimedia al respecto.

Mesa Redonda
Especialistas destacan la importancia de una legislación de protocolo y el poder de la imagen

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